Cuestiones

¿Qué vas a elegir?

Hey, tú… Sé lo que estás pensando. Sé lo que estás sintiendo. Tu vida no es como querías, nada es como soñabas. Te falta esto y aquello… Ese sueño que no cumpliste y que hoy ya ves lejano. Todo eso que querías para ti, quizás para tus hijos, para tu familia o los seres que amas, se torna inalcanzable, fuera de tu radio, detrás de una puerta de acceso denegado para gente como tú. Escuchas hablar de plenitud, de abundancia, de vivir en si¿Qué vas a elegirntonía con el universo, y te preguntas ¿qué es eso? La soledad te pesa, aunque ya te hayas acostumbrado a ella e incluso muchas veces parecieras disfrutarla… ¡mentira! Sólo tu corazón sabe cuánto añoras un abrazo, una caricia, palabras de amor, un hombro donde descansar o esas conversaciones llenas de presencia que te harían sentir el lujo que es ir de la mano con alguien más. Ese compañero o compañera de viaje que tristemente estás aceptando que para ti no es una posibilidad.

Sé lo que estás pensando. Que no mereces todo lo que alguna vez se te cruzó por la mente que podías tener. Que no estás ni cerca de ser quien soñaste ser. Que no eres suficiente, que no eres capaz, que nunca podrás cambiar. Que naciste con un lugar asignado en el mundo… ¿quizás el de la mediocridad? Es que esta es la vida que te tocó. No naciste rodeado de estrellas ni con un destino de oro, como muchos otros a los que te quedas mirando en el camino preguntándote ¿por qué yo no?¿por qué a mí no? No naciste con grandes virtudes, eres uno más entre tantos que corren durante el día haciendo de cuenta que viven y sintiendo un vacío existencial durante la noche, que apagas unas horas cuando logras dormirte. No tienes suerte, el universo te ignora, el destino te señala como dirección obligatoria mil calles sin salida. Y entonces te miras al espejo, y te reprochas. Te ves a los ojos con rencor, y te dices que mereces la vida que tienes porque no eres capaz. Y sé lo que sientes allí, frente al espejo… ira, frustración, un miedo enorme a pasar el resto de tu vida así, terror a morir sin ser feliz. Culpa por haber desperdiciado tantos años, y culpa por los que desperdiciarás. Y así es que intentas cerrar el caso. Tú tienes la culpa, Dios tiene la culpa, el universo, tus padres, el capitalismo y quién sabe cuántos más. Pero nada se soluciona… ¿no?

Hey, tú… sí, tú. Sé que no te agrada sentirte así (¿a quién le agradaría?). Sé que entre tanta culpa, frustración y nostalgia por todo lo que no es, entre tanta duda e inseguridad, aún existe una chispa de anhelo, de sueños inmortales y de absoluta posibilidad. ¿Qué te hace falta para despertar? Sí, te has perdido entre tantos vaivenes y tu condición de humano no ayuda mucho, y es que no está mal perderse. Lo bueno de perderse es que la única forma de resolverlo será encontrándote contigo mismo. Allí, frente al mismo espejo que usas para regañarte y tenerte pena, allí mismo puedes reencontrarte, conocerte, descubrirte y reinventarte. No puedes engañarte por mucho tiempo más, sabes que puedes. Ahora mismo es posible darte cuenta que puedes. ¿Qué necesitas para despertar? 

Te has encerrado en tu propio círculo, ¿sabes? La buena noticia es que puedes hacer que desaparezca con sólo chascar los dedos. ¿De qué límites me hablas? Haz que desaparezca la culpa y esos límites se esfumarán. Haz que esa idea absurda de ser incapaz, esa idea que sólo habita en tu mente confundida, se disuelva en el espacio y entonces nada te separará de lo que desees lograr. Toma en este instante el timón de tu barco, estoy segura que ya no quieres que vaya a la deriva. Acepta que tu brújula eres tú. ¿Qué estás esperando? Sí, tu vida podría ser siempre lo que fue hasta hoy, pero no quieres eso. Sí, podrías sentirte cada vez más asfixiado por las circunstancias, pero no quieres eso. Y entonces, ¿qué quieres? Hazte ya la bendita pregunta, que el tiempo no fue ayer ni será mañana. El universo entero está esperando a que descubras lo que quieres. La vida misma está esperando a que descifres quién eres. Nadie más puede hacer esto por ti. ¿Qué estás esperando tú?

Mira, voy a contarte un secreto. Algo tan simple y a la vez supremo. No es secreto porque nunca lo hayas escuchado, sino porque tantas veces lo has oído y aún no te enteras. Eres poderoso. Tienes poder. Eres poder. ¿Para qué seguirías eligiendo creer que no puedes? ¿Para qué te empeñarías en no aceptar tu poder? Si lo piensas, es ridículo… ¿qué te acercaría a lo que quieres? Puedes reírte de tu ridiculez ahora y ser más eficaz en lo que elijas creer desde hoy. Eres poderoso. Tu poder te permite crear, transformar, borrar y volver a escribir. Tu poder te habilita a pintar los colores que desees para tu paisaje y dibujar puertas, caminos, horizontes, donde hoy no los ves. Tu poder te da la magia de transmutar lo más difícil de tu historia en fuente de inspiración y de amor. Tu poder te reúne con el poder de los otros, invitándote a la plenitud del dar y el recibir. Tu poder te glorifica, te torna humilde y exitoso a la vez. Te da ese brillo en los ojos del que no deberías jamás volver a prescindir. Ahora dime, sabiendo esto, ¿qué sentido tiene seguir renunciando y resistiendo a tu poder? Estamos de acuerdo: absolutamente ninguno.

Hey, tú… Sí, tú que estás leyendo esto y al mismo tiempo examinándote para juzgar si tienes poder. Sólo es cuestión de aceptarlo. Sólo se trata de rendirse a una nueva idea. ¿Que si es cierta o no lo es? Sólo tú podrás responder a esa pregunta: ¿qué vas a elegir? Yo… ya lo hice.

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