Anécdotas

Un pacto entre almas

Dicen que elegimos a nuestros padres antes de nacer…

Durante mucho tiempo sostuve que un padre debía ser algo así como un superhéroe. No me culpo por creerlo, he visto cientos de ellos. Los he observado alzar a sus niños sobre sus hombros para enseñarles que pueden tocar el cielo, planear junto a ellos las destrezas imposibles de algún barrilete, o demostrarles que a pesar de los ardientes raspones en las rodillas se puede seguir andando en bicicleta. A decir verdad, a muchos niños les ha tocado un papá superhéroe. Pero no hizo falta que lo fueras conmigo. Aunque, no voy a mentirte, de niña y no tan niña esperaba tus superpoderes. Quizás porque eras una especie de mago que hacía que las historias que me contabas cobraran vida cuando las dibujabas para mí en un papel. Quizás porque alguna vez me hablaste de las estrellas como si las conocieras… sabías sus nombres y una por una me las indicabas en aquel mapa que trazaste, ese mapa que entonces supuse querías enseñarme por temor a que un día me perdiera entre ellas. Pero hoy creo que tu afán por mostrarme esa mezcla de constelaciones era más bien por señalarme un camino de estrellas para que alguna noche como esta pudiera encontrarte. Por eso hoy me siento aquí, al borde del río, y observo este cielo inundado de puntos brillantes mientras intento adivinar en qué astro estarás sentado, con las piernas cruzadas y un cigarrillo en la mano. Y una curiosa pregunta se escapa de mis pensamientos y la pronuncio en voz alta: ¿serán las estrellas las oficinas donde las almas se reúnen a planear sus próximas vidas?

«En una estrella fulgente estaba mi alma sentada, haciendo planes para su próxima vida. A su lado, un alma de aura azul la escuchaba atentamente.

— Deseo aprender sobre el desapego y la soledad, y en la soledad hallar el camino de regreso a mí misma. Deseo aprender a amarme, para luego aprender a amar de verdad.

Es un bello aprendizaje, aunque intenso, el que te has propuesto — asintió pensativa el alma de aura azul.

— Te he elegido para que seas mi mayor maestro en esta vida terrenal que me espera. Necesito que me enseñes a reconocer mis zonas erróneas, mis rasgos débiles, mis partes vulnerables… y que a fuerza de la soledad me valga de mí misma para transmutarlas en fortaleza. Que aprenda yo a encontrar la fuerza, y si no la encuentro, que aprenda a crearla. Que aprenda primero a amarme para poder rescatarme y reconstruirme. Que aprenda a nacer de las cenizas. No quiero que me des herramientas, quiero ser capaz de inventarlas yo misma. Quiero recordar en algún momento de esta nueva vida que tengo el poder para trascender mis emociones humanas. Y necesito para ello que, una vez hayas tomado mi mano… sin vuelta atrás puedas soltarla.

— Debo advertirte que dolerá. Como ser humano tendré mil errores, innumerables fallas. Te será difícil comprenderme, y habrá momentos en que desistirás de hacerlo. Habrá días en que me añorarás, y noches en que me olvidarás, aunque siempre estará mi huella marcada en tu memoria. Seré objeto de tus reproches, seré blanco de tu enojo. De todo lo que de mí esperarás, será muy poco lo que tendrás. Sentirás que te hago falta, experimentarás la necesidad. A veces intentarás perdonarme… otras veces pensarás que algo hiciste mal, y querrás pedirme perdón. Dejaré un sitio vacío en tu corazón que erróneamente intentarás llenar, hasta que comprendas la verdad. Te daré un par de gotas de amor y litros de ausencia, para que sientas durante mucho tiempo que estás incompleta. Te heriré de tal manera que sólo tú puedas curarte. El silencio y la distancia serán mis armas letales, y si un día mis emociones humanas me traicionan, que Dios me quite la voz y el andar para no buscarte. Si un día intentas venir hacia mí, me escabulliré entre las estrellas antes de tu llegada. Pero nada en el mundo será capaz de romper este pacto entre los dos. Te costará trabajo comprenderlo cuando estés en ese plano, y muchas veces dudarás de mi amor, pero en el fondo de tu ser siempre sabrás que te amo desde antes de nacer.»

Fuente de la Imagen: Pixabay.

Sentada en la orilla del río con la mirada fija en Sirius, mi estrella preferida, la escena del pacto entre esas dos almas transcurrió como una película proyectada desde algún lugar del más allá. Dicen que elegimos a nuestros padres antes de nacer, y probablemente sea así, aunque es probable también que nunca lo sepa… al menos en esta vida. Pero si eso fuera cierto, si fuera verdad que te elegí, creo saber por qué. No fuiste un superhéroe, pero para el plan que mi alma pretendía fuiste el mejor papá. Aprendí mucho más de tu humanidad imperfecta, de tus errores y desaciertos, de tu rumbo zigzagueante y tu habilidad para volverte humo. Aprendí mucho más de tus sueños inciertos, iguales a aquellas flores que viajan con el viento y que nadie podría saber dónde van a posarse. Aprendí de tu eterno temple de niño, y es que (quién sabe) tal vez tampoco creciste con un superhéroe que te enseñara a seguir andando en bicicleta con las rodillas raspadas. Aprendí, y aún aprendo, de tu mapa de estrellas, aún sabiendo en el fondo que allí nunca voy a encontrarte. Aunque te imagine sentado en una de ellas, de piernas cruzadas, observando el debate de emociones y pensamientos que se pasea por mi mente. Aunque te imagine pidiendo fuego a un cometa para encender otro cigarrillo, mientras esperas que recuerde que siempre me amaste, incluso desde antes de nacer.

Déjame creer que es así. Déjame creer que este pacto entre almas es la razón por la que hoy no estás aquí.

 

Anna Aguilar

 

 

 

 

 

 

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