Caos
Cuestiones

Un mundo complicado

Cuántas veces intentamos comprender al mundo, plagado de injusticias y de odio tanto como de tesoros y de amor. Hemos observado esta maraña de historias y de emociones que van desde el blanco más puro hasta el negro más tenebroso. Muchas veces dudamos si sentirnos felices o desafortunados de pertenecer a esta enorme película, donde vemos las escenas más tiernas y las más crudas por el mismo canal. Hambre, paraísos, sangre, risas contagiosas, traiciones, sueños que se cumplen, codicia, bondad. Como si nuestra mente fuera capaz de integrar todos esos contrastes en un solo collage. Donde miren nuestros ojos hallarán lo barato y lo caro, lo superficial y lo profundo, puertas trancadas y caminos abiertos, dolor y libertad. Cómo comprender un mundo así. Cómo no sentirnos perdidos a veces, sin saber por dónde seguir. Y es que este mundo desordenado y hasta irónico me recuerda a mi propio mundo interior, y el mundo que cada uno lleva en su pecho, declarado soberano de este gran y pequeño imperio que cada ser humano es.

Cuántas veces tampoco podemos comprendernos a nosotros mismos? Hay ocasiones en que ríes a carcajadas abiertas, sintiendo que pierdes peso y que te crecen alas inesperadas a los lados de tu cuerpo, y hasta te sientes flotar sin que tus pies se despeguen de la tierra. Y otras veces la rabia te abruma, el enojo te vuelve pesado, la tristeza te apaga y el silencio te envuelve. Y te miras al espejo y pareces otra persona. Sólo estás seguro de que eres tú porque reconoces tus ojos solapados detrás de las emociones. Y sí, es que somos un mundo como el que vemos por televisión, pero en las calles de nuestras almas. Esas calles que nadie más puede recorrer sino uno mismo. Tenemos laberintos intrincados y ciudades perdidas en nuestras memorias, y a veces están tan a oscuras que tememos andar a tientas, y hasta nos sentimos en peligro. En peligro frente a nuestra propia alma… sí, suena paradójico, pero cuán cotidiano es. Nuestro mundo interior nos inspira un miedo atroz, igual que el que vemos por televisión.

Nuestro mundo interior también tiene hambre y tiene sueños, también canta canciones y grita penas, también está pintado con pinceladas de amor y de miedos. Podemos ser un día los caminantes más entusiastas, aquellos que prometen devorarse los obstáculos y trepar como ágiles gacelas a la cima de su montaña preferida. Y podemos ser los borrachos más patéticos, aquellos que se abandonan en un sillón a llorar su dolor y se aferran a él como el único modo de ser alguien. La soledad puede ser hoy un instante maravilloso y mañana convertirse en una bruja que te asfixia. Tus manos pueden haber sido ayer las autoras de una obra de arte, y hoy sostener el cigarrillo y el vaso de whisky que te envenenan la sangre, o las pastillas que te darán una excusa para irte a dormir. Hay conviviendo en tu conciencia un santo que desea perdonar y un asesino que desea acribillar, una madre amorosa que aconseja y un duro juez que condena, una musa que te inspira y un saboteador que te entierra. Cómo no vas a creer, a veces, que te estás volviendo loco?

Este es un mundo complicado, y sé que en eso estaremos de acuerdo. Y tu mundo es complicado, y el mío también lo es. Has soñado alguna vez con un mundo mejor? Uno que no cueste tanto comprender? Todos lo hicimos en alguna ocasión. Has soñado con borrar el disco duro de tu memoria y deshacerte de tanta contradicción interior? Bueno, pues somos dos. O somos millones. Cada uno mirando desde su ventana la noche caer, implorando que el día nuevo lave las cargas de nuestro apesadumbrado ego. Suplicando una dosis de coherencia en medio de la confusión, esperando un oasis en la turbulencia. Intentando cambiar de canal y descubrir una sintonía mejor para nuestra rutina de ser tan complicados.

Manos
Fuente de la Imagen: Pixabay.

Sabes algo? Eso no pasará. No podemos cambiar de canal, ni borrar el disco duro, y mucho menos esperar que la magia actúe de la noche al día. Podemos permitirnos una breve ilusión de que ello ocurrirá, pero no somos tan necios como para entregar nuestro enredado mundo interior a una posibilidad que murió antes de nacer. Sabemos que el día llegará y el planeta seguirá rodando con sus continentes y sus mares, sus soles y sus tormentas, sus inviernos y sus veranos. El mundo jamás dejará de ser complicado. Tu mundo y el mío tampoco dejarán de serlo. No tiene sentido que intentemos negarlo. No tiene caso que cerremos los ojos ante lo que es, porque nada desapareció nunca porque no lo mirásemos.

No hay más solución, querida alma inquieta, que aceptarlo. Y sin embargo todas las soluciones se revelan cuando aceptamos. De pronto sabes que sí, que eres invierno y eres verano, que eres amor y eres odio, que eres paz y eres batalla. Por tus venas corren néctar y veneno. En tu voz se vuelan bendiciones y rencores, y en tus silencios se ocultan ilusiones y soledad. De pronto aceptas que sí, que tus manos pueden acariciar y pueden ser puños endurecidos de ira. Que puedes destruir y puedes crear. Que deseas decir que sí y deseas decir que no, y que muchas veces vas a dudar. Y que las calles de tu alma están llenas de esquinas alegres y callejones tristes. Tienes Caribe y Antártida. Sí, como el mundo. Y aceptas que existe el santo y el asesino, la madre amorosa y el duro juez, la musa y el saboteador, el caminante entusiasta y el patético borracho que llora en un sillón.  Ya verás qué haces con ellos, pero sabes que están, y ya no vas a negarlo.

No hay más solución que aceptarlo, y sin embargo… eso es tanto. Porque de pronto ya no hace falta comprender y entonces el dilema ya no existe. El mundo gira complicado afuera y adentro, y es un milagro que tantas discrepancias puedan coexistir. Encontrarás que es milagro la flor del cactus en el desierto tanto como la carcajada de un niño en medio de la guerra. Y encontrarás que es milagro verte sonreír una vez más en el espejo. Ya no intentes comprender. El mundo es perfecto así, no existirían las maravillas sin las contradicciones. Y nosotros también, somos perfectos así, con nuestras maravillas y nuestras contradicciones.

 

Anna Aguilar

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