• Castillo
    Cuestiones

    Si los miedos no fueran barreras

    A lo largo de los años he ido construyendo mi mundo como si fuera un castillo. Tiene torres en sus esquinas levantadas ladrillo a ladrillo sobre mis experiencias más sustanciales. Los muros se han ido engrosando al tiempo que aprendí sobre mis límites y, no voy a negarlo, alguna que otra decepción les ha agregado unos metros de altura. Los pasillos del castillo son amplios, pensados para que pueda recorrerlo cómodamente rincón a rincón, con fácil acceso a las habitaciones de mi alma, las cuales estoy redecorando. Me lo he pasado últimamente abriendo viejos baúles de creencias, reciclando historias y descartando viejos trajes de mi ego que ya no me sirven. Todavía hay espacios con cierta oscuridad, pero tengo siempre a mano una lámpara de conciencia que me he decidido a encender cuando una simple mirada no alcance para comprender. Y también he diseñado unas grandiosas puertas que puedo abrir de par en par cuando me visitan personas que saben apreciar mi castillo, o mejor aún, que me ayudan a redescubrirlo. Me siento a gusto y segura aquí, cada día más. Tanto que en los atardeceres me complace tomar una taza de té observando la noche llegar por mis vastos ventanales. Y allí, en ese instante, es cuando los veo.

  • Mujer
    Anécdotas

    Lo siento, perdón, gracias, te amo

    Desperté apenas amanecía, con el primer esbozo de claridad que se trepó a mi balcón, y aún así había sido una noche larga. Los ecos de las balas que habían llovido sobre mi ego, las imágenes difusas de las cadenas del pasado y ese olor fresco a decepción… se mezclaban y daban vida a un solo fantasma que se sentaba al mismo tiempo que yo en el desorden revuelto de mi cama. Lo contemplé como se puede contemplar al desastre después de un huracán, rendida. Y entonces fui por ella. La busqué por las habitaciones, atravesando pilas de ropa de batalla y tazas vacías de té que resultaron no ser mágicas. Aparté de mi camino los escombros de lo que había sido mi zona de confort, la cueva donde me había escondido desde mi infancia, observando cómo todavía echaban humo los miedos que habían sido sus andamios. La casa era un caos, como lo era la vida, como lo era mi alma.

    Y allí la encontré, de pronto parada frente a mí, con los ojos nublados y desconfianza en sus pupilas, con la frente vencida y los labios secos por tantas palabras que no fueron oídas. Nos miramos en silencio, con una comprensión tan vasta como el océano. Pude advertir cómo la tormenta también había desordenado su pelo, y cómo su suspiro era una bandera blanca de rendición. Entonces sentí un deseo irrefrenable de romper el silencio, le sostuve la mirada y las palabras brotaron como si dentro mío existiera un manantial que desconocía. Y le dije…:

  • De noche
    Anécdotas

    Insomnio

    Hay algo en la noche que es capaz de desvelarme. La oscuridad y el silencio son puertas seductoras que se abren como si ofrecieran algo más para ver y para oír. Como si de noche pudiéramos observar algo que en la luz y el ruido de las horas del día se nos pasara inadvertido. Entonces mi mente se queda prendida de ese silencio, sólo interrumpido por el concierto de algunos grillos.

    A veces el insomnio tiene nombre y apellido. Otras veces parece una de esas calesitas que giran y giran paseando pensamientos, como si una fuera a sacar de pronto la sortija reveladora de la solución mágica. Hay insomnios que invitan a los fantasmas a encontrarse con nosotros, en un intento fallido de resolver algo pendiente. Lo cierto es que nada de eso ocurre. El dueño del nombre y apellido no aparece, no ganamos ninguna solución mágica ni se puede resolver nada con ningún fantasma intruso. Pero lo intentamos, tercas almas que no podemos cerrar los ojos.

  • Cuestiones

    La chispa

     

    Luces
    Fuente de la Imagen: Pixabay.

    Mucho se habla de aquello que deberíamos sacar de nuestra vida: personas tóxicas, trabajos que no nos satisfacen, rencores, rutinas insalubres, hábitos destructivos, creencias obsoletas… La lista es larga. Y pareciera que esto se trata sólo de escarbar en lo que nos ata o entorpece nuestro camino, y vaciarnos de ello. Pero el universo es equilibrio, y como tal siempre debe haber algo del otro lado de la balanza. Qué hay de aquello de lo que nos deberíamos llenar? Cómo darnos cuenta que se trata de algo que nos nutre verdaderamente y no es sólo un aspecto efímero y superficial de la realidad?

    Yo reduzco toda la clave a una sola palabra: la chispa. Pero no se trata de una chispa cualquiera. Nace del centro de nuestro ser. Hay muchos destellos de entusiasmo que solemos confundir con la chispa, y comprobamos luego con frustrante resignación cómo proceden a apagarse. Y eso que los había encendido… ya nos resulta insulso, deslucido. Ya no nos atrae. Nos damos cuenta porque las ganas desaparecen pronto, porque nos cuesta esfuerzo poner nuestra atención en ellos o sostenerlos. No ocurre lo mismo con la verdadera chispa.

  • Escucharse a uno mismo
    Cuestiones

    ¿Qué estás sintiendo?

    ¿Cuántas veces reprimiste lo que sentías? No estoy hablando de sentir algo  y no haberlo expresado. Hablo de convencerte de que no lo sentías. Si estás convencido de no sentir algo, probablemente no te des cuenta a lo que me estoy refiriendo. O probablemente algo resuene dentro tuyo diciéndote “sí, aquí hay algo que no me he permitido sentir”. También puede haberte pasado que algún sentimiento o alguna emoción comenzó a brotar y automáticamente la anulaste para que no siguiera creciendo, para que no saliera a la superficie. Creés que la has matado y que no la sentirás más. Pero no es así, a mí también me ha pasado. Muy lejos de dejarse asesinar, ese sentimiento o esa emoción permanece latente, y se cuela por cada lugar que encuentra para hacerlo. Si lo que quisiste matar era la ira, entonces verás cómo cualquier nimiedad es capaz de encender tu enojo. Si lo que quisiste anular era el miedo, te darás cuenta cómo te encontrás paralizado en otras situaciones. A veces es tanto lo que decidimos ignorar lo que sentimos, que nos cuesta mucho relacionarlo con lo que sucede a consecuencia de ello. Y nos preguntamos una y otra vez por qué nos sucede tal o cual cosa.

  • Los límites
    Cuestiones

    Hacer lo correcto, o no

    Vamos por la vida intentando ser perfectos, intentando ser quienes debemos ser, como esperan los demás que seamos. Nacimos libres pero muy pronto estamos enredados en los deseos de los otros, embarrados en normas y prejuicios, condicionados por un sinfín de “deberías”.  Todo cuanto deseamos, pensamos o sentimos empieza a ser moldeado por lo que desean, piensan o sienten otros, y algo más triste sucede entonces, que nos acostumbramos a que esto ocurra.

    Una de las libertades que más coartadas tenemos es la de expresar lo que sentimos, y actuar de acuerdo a ello. Muchas veces lo que sentimos va en contra de lo que desean los otros, de lo esperado de nosotros, y es un peligro expresarlo porque estaríamos atentando contra nuestras relaciones. Y callamos. No queremos ofender a nadie. No queremos que dejen de amarnos. No queremos decepcionarlos. Hacemos “lo que hay que hacer”. Salimos corriendo a complacer a los otros pasando por encima de nuestro deseo y de lo que sentimos. Dejamos colgada en el perchero la voz de nuestra intuición. Preferimos ignorar nuestra voz interior. Es más importante actuar correctamente. Pero… “correctamente” para quién?