• Cuestiones

    ¿Autosuficiente?

    Ajá, con que crees que eres autosuficiente. Has creído a lo largo de una vida que todo lo podías hacer solo, o peor aún, que todo lo debías hacer solo. Llorar es de débiles, por ejemplo. Entonces, como puedes solo con tu angustia, te encierras en tu habitación a llorar en soledad. No puedes negar que tienes momentos de debilidad, pero puedes ocultarlos, puedes evitar que alguien te vea así. Luego saldrás por la puerta grande mostrando lo fuerte que eres y lo resuelta que está tu vida, pero mientras te sientas desmoronar deberás esconderte para que nadie observe tus ruinas. Te admiras por valerte por ti mismo, sin la ayuda de nadie. Aunque esta autosuficiencia te cueste días de un gris asfixiante y noches que parecen un abismo, te exiges levantarte, como puedas, secarte la humedad de los ojos, sacudirte el polvo de las rodillas e intentarlo otra vez… solo. No necesitas de nadie, tus conflictos son tuyos, tus desafíos también. No es cuestión de molestar a los otros y, además, tu gran proeza es hacerlo solo. Lo sé… he pecado de autosuficiente muchos años de mi vida.

    Pues déjame decirte una gran verdad: la persona autosuficiente no existe.

  • Una red de amor
    Cuestiones

    Una red de amor

    Existe una red de amor invisible, casi imperceptible a los ojos cotidianos. Imagina las veredas de una gran ciudad, con cientos de personas de andar frenético que van a hacia algún lugar, apuradas por llegar. Imagina cuántos automóviles se trasladan en una gran avenida, en medio de bocinas que aturden y semáforos que estorban. Gente entrando y saliendo de oficinas, compradores compulsivos agotando sus tarjetas de crédito, niños reunidos en un aula aprendiendo a sumar y restar. Piensa ahora en la rutina de tu día… Quizás levantarte casi de madrugada para ir a tu trabajo, atender los reclamos de tus hijos, devorar las páginas de ese libro que debes aprender para rendir un examen, hacer las compras para la cena, visitar a la familia porque es domingo, pagar tus impuestos, chequear tu teléfono móvil, ir al gimnasio o a la clase de yoga, reunirte en un café con un amigo, comprar un regalo de cumpleaños… Uff… cuántas cosas puedes llegar a hacer en un mismo día, y cómo podrías con una agenda tan ajetreada percibir la red de amor de la que te hablo hoy. Pero sí, existe una red de amor que te sostiene y te involucra, que te reconoce y te nutre, y en esa red tú mismo sostienes, involucras, reconoces y nutres a otros.