• Anécdotas

    Un pacto entre almas

    Dicen que elegimos a nuestros padres antes de nacer…

    Durante mucho tiempo sostuve que un padre debía ser algo así como un superhéroe. No me culpo por creerlo, he visto cientos de ellos. Los he observado alzar a sus niños sobre sus hombros para enseñarles que pueden tocar el cielo, planear junto a ellos las destrezas imposibles de algún barrilete, o demostrarles que a pesar de los ardientes raspones en las rodillas se puede seguir andando en bicicleta. A decir verdad, a muchos niños les ha tocado un papá superhéroe. Pero no hizo falta que lo fueras conmigo. Aunque, no voy a mentirte, de niña y no tan niña esperaba tus superpoderes. Quizás porque eras una especie de mago que hacía que las historias que me contabas cobraran vida cuando las dibujabas para mí en un papel. Quizás porque alguna vez me hablaste de las estrellas como si las conocieras… sabías sus nombres y una por una me las indicabas en aquel mapa que trazaste, ese mapa que entonces supuse querías enseñarme por temor a que un día me perdiera entre ellas. Pero hoy creo que tu afán por mostrarme esa mezcla de constelaciones era más bien por señalarme un camino de estrellas para que alguna noche como esta pudiera encontrarte. Por eso hoy me siento aquí, al borde del río, y observo este cielo inundado de puntos brillantes mientras intento adivinar en qué astro estarás sentado, con las piernas cruzadas y un cigarrillo en la mano. Y una curiosa pregunta se escapa de mis pensamientos y la pronuncio en voz alta: ¿serán las estrellas las oficinas donde las almas se reúnen a planear sus próximas vidas?

    «En una estrella fulgente estaba mi alma sentada, haciendo planes para su próxima vida. A su lado, un alma de aura azul la escuchaba atentamente.

  • Cuestiones

    Permiso para sentirte derrotado

    Por hoy, sólo por hoy, te doy permiso para sentirte derrotado. ¿Por qué? Porque me doy cuenta que es justamente lo que estás sintiendo ahora, y de nada sirve reprimirlo. Si le damos vía libre, veinticuatro horas serán suficientes para que puedas liberarte. Así que adelante, dejemos que esa energía oscura y pesada salga a la superficie. Podemos aceptar que hoy estamos oscuros y pesados, y no nos vamos a morir por ello, ni vamos a sentenciarnos a una vida sombría ni nos perseguirá la mala suerte por décadas. Peor sería que por no querer mirar lo que nos pasa, le dejemos echar raíces. Respira profundo una vez, y otra vez más, y acepta: hoy es un día gris, qué digo gris… un día negro como noche sin luna.

  • Sombras
    Cuestiones

    Valiente

    No lloro porque soy débil. Lloro porque soy más fuerte que débil. Porque necesito drenar los sentimientos que mi garganta traga cuando debo empujar con el alma. Porque cada paso firme que doy pisa mis temores bajo su suela. Porque me guardo en el bolsillo la inseguridad sintiendo cómo revolotea, como si hubiera encerrado a una mariposa que aletea incesantemente sobre las paredes de mi conciencia. Esas noches donde los días de trinchera pesan, con lunas interminables y un desfile de cuestiones en la pasarela de la mente… son noches que no son fáciles si no dejo fluir las lágrimas. No es tan difícil ser fuerte, poner mirada de acero y avanzar como si dominara el viento que golpea mi frente. Lo verdaderamente difícil es luego mirarme al espejo y asumir que es preciso llorar.