• Pandemia
    Cuestiones

    El alma en tiempos de pandemia

    Enciendes el televisor. Un tsunami de noticias se desploma desde la pantalla, sin darte mucho tiempo a procesar la información. Cifras de infectados por el virus y de quienes perdieron la batalla frente a él. Miles de personas en aislamiento, otros miles atrapados en tierras lejanas a su hogar sin poder volver. Instrucciones sobre cómo lavarte las manos y cómo estornudar o toser. Presentación de tus nuevos amigos: barbijo, guantes y alcohol en gel. Uf… tu mente trabaja a toda máquina para no perderse un solo detalle. Cambias de canal. Aviones de rescate. Fronteras cerradas. Barcos varados. Sistemas sanitarios que colapsan. Decretos de necesidad y urgencia. Cómo llevar adelante una cuarentena. Y la esperanza de una vacuna que quién sabe cuándo llega…

    Pero hay cosas que el televisor no enseña. No te explica qué hacer con las ganas de abrazar o dónde guardar los besos que hoy no puedes dar. No existen instructivos sobre cómo evitar extrañar.

  • Cuestiones

    ¿Autosuficiente?

    Ajá, con que crees que eres autosuficiente. Has creído a lo largo de una vida que todo lo podías hacer solo, o peor aún, que todo lo debías hacer solo. Llorar es de débiles, por ejemplo. Entonces, como puedes solo con tu angustia, te encierras en tu habitación a llorar en soledad. No puedes negar que tienes momentos de debilidad, pero puedes ocultarlos, puedes evitar que alguien te vea así. Luego saldrás por la puerta grande mostrando lo fuerte que eres y lo resuelta que está tu vida, pero mientras te sientas desmoronar deberás esconderte para que nadie observe tus ruinas. Te admiras por valerte por ti mismo, sin la ayuda de nadie. Aunque esta autosuficiencia te cueste días de un gris asfixiante y noches que parecen un abismo, te exiges levantarte, como puedas, secarte la humedad de los ojos, sacudirte el polvo de las rodillas e intentarlo otra vez… solo. No necesitas de nadie, tus conflictos son tuyos, tus desafíos también. No es cuestión de molestar a los otros y, además, tu gran proeza es hacerlo solo. Lo sé… he pecado de autosuficiente muchos años de mi vida.

    Pues déjame decirte una gran verdad: la persona autosuficiente no existe.

  • Una red de amor
    Cuestiones

    Una red de amor

    Existe una red de amor invisible, casi imperceptible a los ojos cotidianos. Imagina las veredas de una gran ciudad, con cientos de personas de andar frenético que van a hacia algún lugar, apuradas por llegar. Imagina cuántos automóviles se trasladan en una gran avenida, en medio de bocinas que aturden y semáforos que estorban. Gente entrando y saliendo de oficinas, compradores compulsivos agotando sus tarjetas de crédito, niños reunidos en un aula aprendiendo a sumar y restar. Piensa ahora en la rutina de tu día… Quizás levantarte casi de madrugada para ir a tu trabajo, atender los reclamos de tus hijos, devorar las páginas de ese libro que debes aprender para rendir un examen, hacer las compras para la cena, visitar a la familia porque es domingo, pagar tus impuestos, chequear tu teléfono móvil, ir al gimnasio o a la clase de yoga, reunirte en un café con un amigo, comprar un regalo de cumpleaños… Uff… cuántas cosas puedes llegar a hacer en un mismo día, y cómo podrías con una agenda tan ajetreada percibir la red de amor de la que te hablo hoy. Pero sí, existe una red de amor que te sostiene y te involucra, que te reconoce y te nutre, y en esa red tú mismo sostienes, involucras, reconoces y nutres a otros.

  • Anécdotas

    Un pacto entre almas

    Dicen que elegimos a nuestros padres antes de nacer…

    Durante mucho tiempo sostuve que un padre debía ser algo así como un superhéroe. No me culpo por creerlo, he visto cientos de ellos. Los he observado alzar a sus niños sobre sus hombros para enseñarles que pueden tocar el cielo, planear junto a ellos las destrezas imposibles de algún barrilete, o demostrarles que a pesar de los ardientes raspones en las rodillas se puede seguir andando en bicicleta. A decir verdad, a muchos niños les ha tocado un papá superhéroe. Pero no hizo falta que lo fueras conmigo. Aunque, no voy a mentirte, de niña y no tan niña esperaba tus superpoderes. Quizás porque eras una especie de mago que hacía que las historias que me contabas cobraran vida cuando las dibujabas para mí en un papel. Quizás porque alguna vez me hablaste de las estrellas como si las conocieras… sabías sus nombres y una por una me las indicabas en aquel mapa que trazaste, ese mapa que entonces supuse querías enseñarme por temor a que un día me perdiera entre ellas. Pero hoy creo que tu afán por mostrarme esa mezcla de constelaciones era más bien por señalarme un camino de estrellas para que alguna noche como esta pudiera encontrarte. Por eso hoy me siento aquí, al borde del río, y observo este cielo inundado de puntos brillantes mientras intento adivinar en qué astro estarás sentado, con las piernas cruzadas y un cigarrillo en la mano. Y una curiosa pregunta se escapa de mis pensamientos y la pronuncio en voz alta: ¿serán las estrellas las oficinas donde las almas se reúnen a planear sus próximas vidas?

    «En una estrella fulgente estaba mi alma sentada, haciendo planes para su próxima vida. A su lado, un alma de aura azul la escuchaba atentamente.

  • Cuestiones

    Permiso para sentirte derrotado

    Por hoy, sólo por hoy, te doy permiso para sentirte derrotado. ¿Por qué? Porque me doy cuenta que es justamente lo que estás sintiendo ahora, y de nada sirve reprimirlo. Si le damos vía libre, veinticuatro horas serán suficientes para que puedas liberarte. Así que adelante, dejemos que esa energía oscura y pesada salga a la superficie. Podemos aceptar que hoy estamos oscuros y pesados, y no nos vamos a morir por ello, ni vamos a sentenciarnos a una vida sombría ni nos perseguirá la mala suerte por décadas. Peor sería que por no querer mirar lo que nos pasa, le dejemos echar raíces. Respira profundo una vez, y otra vez más, y acepta: hoy es un día gris, qué digo gris… un día negro como noche sin luna.

  • Sombras
    Cuestiones

    Valiente

    No lloro porque soy débil. Lloro porque soy más fuerte que débil. Porque necesito drenar los sentimientos que mi garganta traga cuando debo empujar con el alma. Porque cada paso firme que doy pisa mis temores bajo su suela. Porque me guardo en el bolsillo la inseguridad sintiendo cómo revolotea, como si hubiera encerrado a una mariposa que aletea incesantemente sobre las paredes de mi conciencia. Esas noches donde los días de trinchera pesan, con lunas interminables y un desfile de cuestiones en la pasarela de la mente… son noches que no son fáciles si no dejo fluir las lágrimas. No es tan difícil ser fuerte, poner mirada de acero y avanzar como si dominara el viento que golpea mi frente. Lo verdaderamente difícil es luego mirarme al espejo y asumir que es preciso llorar.