• Cuestiones

    Lo que deseas

    El mundo se ha detenido en un suspiro, mientras decides de qué manera vas a hacerlo. Nadie sabe la razón, pero el mundo se ha tomado una pausa para esperarte. Estás allí, intentando reconciliarte con la voz dormida que se despereza, que comienza en un susurro sugerente. Y ese susurro, para tu sorpresa, combina con el ritmo de tus latidos en perfecta armonía. De pronto las piezas del rompecabezas empiezan a encajar y un frondoso camino se abre ante tus ojos, y sabes que es por allí. Además, sabes que quieres ir por allí. Un indiscutible impulso les ordena a tus pies caminar hacia el sendero, aunque por el momento te obligas todavía a refrenarte en nombre de la lógica. Probablemente hacía tiempo que no escuchabas una voz así y que no te recorría el cuerpo un impulso semejante, así que es prudente que te tomes unos instantes para reconocer que provienen del centro mismo de tu ser. Estás tan acostumbrado a seguir otras voces… las del deber, las del orden, las del supuesto destino. Y cuando sentiste vibrar ese cosquilleo en tu interior te pareció tan extraño, tan desconocido, que te costó asimilar que era tu propia voz. Lo supiste cuando viste ese brillo en tus ojos al mirarte en el espejo. Cuando te sorprendiste sonriendo sin aparente razón y tu estómago experimentó las mareas que provoca la luna cuando se acerca a la Tierra. Cuando descubriste que, aunque tenías los pies en el suelo, estabas volando…

  • Cuentos Cortos

    El fantasma

    El fantasma aterrizó en la nube de forma suave y acompasada. Hacía sólo instantes había abandonado la vida terrenal y estaba ansioso por saber si sería admitido en el Cielo. Creía haber hecho las cosas como Dios manda, por lo que su entrada al paraíso era inminente. Pero era el momento de rendir cuentas, y eso lo ponía un tanto nervioso. Avanzó casi deslizándose hacia el escritorio del ángel de turno, quien parecía muy atareado ordenando unos papeles.

    — Disculpe — interrumpió el fantasma — Acabo de morir y me han enviado a esta… oficina.

    — Oh, sí, ¡bienvenido! — el ángel se incorporó y cortésmente le señaló la silla para visitantes — Tome asiento, por favor.

    — Gracias… Usted dirá.

    — Sí… A ver… Comencemos con una breve reseña acerca de su vida terrenal.

    — Bueno… creo haber sido un hombre de bien y de familia, señor Ángel. Siempre antepuse mis responsabilidades a cualquier otra cuestión. Mi ley de vida ha sido cumplir con ellas. Por eso es que desde muy joven trabajé duro para labrarme un futuro. He hecho toda clase de sacrificios en pos del bienestar de mis seres queridos. El tiempo que compartía con ellos era poco, pero era necesario para asegurar su porvenir. Siempre respeté la moral y las normas, y eso es lo mejor que he transmitido a mis hijos. He vencido mis pasiones y algunas tentaciones. Me he esforzado en mantener mi matrimonio a lo largo de los años y he sabido cumplir el rol de un buen esposo. También he sido un buen hijo, supe acatar las órdenes de mis padres y les he respetado hasta su último suspiro. Creo que he hecho todo lo posible por hacer felices a las personas que me rodearon… — El fantasma interrumpió su discurso al observar que el ángel lo miraba por encima de sus gafas, arrugando sus labios en una mueca dubitativa. — ¿Algún problema, señor Ángel? — preguntó, preocupado.