• Cuestiones

    Pandemia: el desafío de renacer

    «Una pandemia de tal magnitud como la que estamos atravesando saca a la luz lo mejor y lo peor de los individuos, y de la humanidad». He oído esta frase en varias ocasiones los últimos días, y creo que es bastante acertada. Lo peor de nosotros está más que a la vista. Que hemos maltratado al planeta, que la naturaleza se toma un respiro de las acciones nocivas del ser humano y que tenemos lo que merecemos, son moneda corriente en los comentarios en las redes sociales. Nuestro lado egoísta y destructivo ha sido jaqueado. Somos el virus que corroe a la Madre Tierra, y era de esperar el castigo ejemplar de quedarnos encerrados mientras la fauna libre corre por las ciudades. Hemos pecado de poder y soberbia, nos hemos creído dueños del mundo y quizás del tiempo. Y aquí estamos, presos en nuestras jaulas con el miedo contaminándonos la sangre mucho más que el virus los pulmones. Aquí estamos, sentados en el banquillo de los acusados, listos para ser juzgados por nuestras malas acciones, para ser reprendidos y condenados. Y por si acaso la muerte nos sorprendiera antes e impidiera la sentencia, nos adelantamos con los azotes de la culpa y el autocastigo, mientras repetimos como mantra que la humanidad es un desastre. Entonces vuelvo a la frase inicial y me pregunto: ¿dónde está lo mejor de nosotros?

  • Cuestiones

    La humanidad en cuarentena

    En la vida a veces se confunde lo que es un enemigo con lo que puede ser un poderoso maestro. O tal vez los enemigos resultan ser, a la luz del diario del lunes, esos maestros que en cierto modo nos transforman. Y es que cuando miramos hacia atrás podemos darnos cuenta que no somos los mismos de antes, que algo ha cambiado después de toparnos con ellos en el camino. Solemos aprender algo muy valioso con su paso por nuestra historia. Hoy a todos nos une un enemigo en común, un minúsculo e invisible villano: un virus. Es tan poderoso que la sola amenaza de su presencia nos desata una mezcla de temor y paranoia para nada saludable, que nos intoxica incluso sin haber enfermado. Es tan poderoso que obliga a grandes masas a recluirse en cuarentena, miles y miles encerrados y con la frente apoyada en sus ventanas, observando cómo la naturaleza se deshace a su ritmo de la contaminación humana. Pero, si prestamos atención, descubriremos otro enorme poder de este pequeño gran adversario: su capacidad de enfrentarnos con nosotros mismos.

  • Pandemia
    Cuestiones

    El alma en tiempos de pandemia

    Enciendes el televisor. Un tsunami de noticias se desploma desde la pantalla, sin darte mucho tiempo a procesar la información. Cifras de infectados por el virus y de quienes perdieron la batalla frente a él. Miles de personas en aislamiento, otros miles atrapados en tierras lejanas a su hogar sin poder volver. Instrucciones sobre cómo lavarte las manos y cómo estornudar o toser. Presentación de tus nuevos amigos: barbijo, guantes y alcohol en gel. Uf… tu mente trabaja a toda máquina para no perderse un solo detalle. Cambias de canal. Aviones de rescate. Fronteras cerradas. Barcos varados. Sistemas sanitarios que colapsan. Decretos de necesidad y urgencia. Cómo llevar adelante una cuarentena. Y la esperanza de una vacuna que quién sabe cuándo llega…

    Pero hay cosas que el televisor no enseña. No te explica qué hacer con las ganas de abrazar o dónde guardar los besos que hoy no puedes dar. No existen instructivos sobre cómo evitar extrañar.