• Cuestiones

    Un poco de Pascua en tu vida

    Suele pasarnos que en el trajín diario de nuestras ajetreadas vidas se nos pasa por alto el significado de algunas celebraciones que realizamos a modo de costumbre y sólo porque ha llegado el día de celebrarlas. Entonces, por ejemplo, llega la Pascua y como obedientes cristianos nos apegamos a la tradición de comer hasta el hartazgo huevos de chocolate y dar las gracias a un Cristo que murió en la cruz por nuestros pecados. Pero, ¿hasta qué punto comprendemos el verdadero significado de la Pascua? Y se me ocurre algo más… ¿existe sólo un significado posible para esta ocasión tan especial? Pues yo creo que no, que son posibles tantos significados como interpretaciones puedan darle tantas almas inquietas. Y creo que sí, que tenemos la costumbre de quedarnos en la superficialidad de una historia tan rica en alimento para el alma. Si hacemos de cuenta que la Pascua es un océano cuyo majestuoso paisaje admiramos desde la orilla, lo que vengo a proponerte es que nos echemos a bucear un poco en sus profundidades, por hoy sólo en esta península. Quizás podamos descubrir cómo traer un poco de Pascua a tu vida, y que de este modo adquiera un nuevo significado este día para el resto de tus días.

  • Cuentos Cortos

    Un barco sin capitán

    «Señora, debe asumir su puesto en el timón». La voz de ese hombre me llega como un eco lejano, pero es suficiente para comenzar a abrir los ojos. Me había quedado dormida poco después de ver unos nubarrones en el horizonte. Para evitar el pánico de pensarme en medio de una tormenta en altamar, tomar una siesta me había parecido una buena opción. Pero ahora que aquel tripulante había osado despertarme, y mientras me tomo unos segundos para enterarme de que ya no sigo soñando, puedo darme cuenta que las nubes negras cubren por completo el cielo bajo el cual navegamos y el viento sopla amenazante. Sinceramente, no tengo idea de cómo ni por qué estoy a bordo de este barco. Sólo recuerdo vagamente haber caminado por un muelle, haber charlado con un par de personas y bueno… una cosa lleva a la otra, y aquí me encuentro: embarcada quién sabe hacia dónde. Y no sólo embarcada, flotando además sin rumbo en medio de una tempestad pronta a desatarse. ¿Qué me había dicho el hombre que me despertó? Ah… sí, algo sobre mi puesto en el timón… (¿El timón?).

  • Cuentos Cortos,  Cuestiones

    Mujer Libre

    «Cuando una mujer toma la decisión de abandonar el sufrimiento, la mentira y la sumisión, cuando una mujer dice desde el fondo de su corazón «basta, hasta aquí he llegado», ni mil ejércitos de ego ni todas las trampas de la ilusión podrán detenerla en la búsqueda de su propia verdad.»

    «Mujeres que corren con los lobos» – Clarissa Pinkola Estés

    Iba la Mujer recorriendo plácidamente los senderos del Bosque de la Creación, libre de ropas y de pensamientos, observando una y otra maravilla de esa obra maestra llamada «mundo». A su paso se detenía alguna que otra vez para sentir la textura de las hojas verdes de las plantas más exóticas, o para ofrecer su mano a las mariposas que buscaban posarse un instante. Su soledad no era absoluta: le pisaba los pasos el Universo, cual nube hecha de pequeñas luciérnagas que acompañaban su andar. El Universo la observaba mientras avanzaba junto a ella, a su ritmo, en perfecta sincronicidad. La Mujer no estaba en el Bosque de la Creación por pura casualidad… había aparecido allí para elegir sus cualidades, aquellas que la nutrirían como ser y que definirían su modo particular de transitar por la vida. La Mujer se crearía a sí misma, y el Universo no podía estar ajeno a uno de los actos creativos más trascendentes y maravillosos de todos los tiempos.

    La Mujer y el Universo llegaron a un claro en el Bosque, y se detuvieron como si hubieran arribado a destino. El Universo le señaló un magnífico salto de agua compuesto por cinco cascadas. Cada una de las cascadas representaba una virtud,

  • Hay un guerrero en ti
    Cuestiones

    Hay un Guerrero en ti

    Sí, ya lo sé. He sentido esto muchas veces. El mundo te abruma como si fuese un puño que te oprime y te deja poco aire para respirar. Los caminos se cierran en vez de abrirse y te pesa cada día que amanece. Las circunstancias de la vida te han llevado a habitar esa cueva donde te escondes, ese sitio seguro donde de algún modo te proteges de los peligros del afuera y donde evitas mirar de frente las propias sombras que guardas dentro. Afuera asechan todo tipo de males: la indiferencia, el abandono, el desamor, la agresividad, el riesgo propio de tomar decisiones para elegir uno u otro camino, la incertidumbre, el fracaso, la decepción. Temes salir de la cueva y que alguno de esos monstruos te congele el corazón. Y dentro tuyo logras callar esos fantasmas que te susurran al oído: el miedo, la desesperanza, la culpa, la tristeza. Un día más de falso equilibrio, y todo lo sostienes con la simple decisión de quedarte donde estás. No te mueves, casi no respiras, por no alterar la estructura de tu cueva y que todo se venga abajo. Podrías desatar un tremendo derrumbe si lo hicieras, y los males del afuera se mezclarían con los fantasmas del adentro, y quién sabe qué sería de ti. Quién sabe si podrías con eso.

    Pero lo cierto es que tampoco puedes con esto. Dentro de tu cueva aún queda espacio para soñar una vida diferente

  • Cuestiones

    No son buenos tiempos para los soñadores

    No son buenos tiempos para los soñadores. Nosotros, los soñadores, solemos idealizar lo que tengamos delante y, aunque se siente muy bonito, eso no es bueno en el mundo que habitamos. Es muy probable que nos demos la cabeza contra la pared. Pero resulta que además somos cabezones, así que vamos a repetir este proceso una y varias veces más antes de asumir que la realidad no es tal como la deseábamos. Y más que el golpe contra la pared, duele lo aplastante de la desilusión. La cuestión es que este mundo que habitamos nos ofrece en cada esquina una pared para estrellarnos. Parece que tropezamos más de lo recomendable con espejismos, con arenas movedizas y con trampas para osos. Las avenidas están repletas de humanos que conducen sin saber adónde van, y que para nuestra fortuna coinciden por algún lapso en nuestra nave como copilotos. Los parques de diversiones llenan sus filas con personas que no saben reír, con las que perdemos un tiempo valioso intentando descifrarlas. Amos paseando orgullosos a sus esclavos, exhibiendo las cadenas que los hacen pertenecerse los unos a los otros, cadenas con las que más de una vez nos enredamos casi sin querer. Necios empecinados en convencer al mundo de que las rosas son azules, probando nuestra capacidad de asombro ante tanta estupidez. Payasos regalando risas y sonrisas pero que, incapaces de despertar la sensibilidad en su corazón, dan la espalda en un suspiro a los sentimientos. Y qué hablar de los monstruos disfrazados de civiles que merodean los barrios para encontrar almas a las que asustar, los vampiros que buscan cuellos puros para alimentar su oscuridad y los vendedores de mentiras que están al acecho de nuevas víctimas que estafar.

  • Cuestiones

    Lo que deseas

    El mundo se ha detenido en un suspiro, mientras decides de qué manera vas a hacerlo. Nadie sabe la razón, pero el mundo se ha tomado una pausa para esperarte. Estás allí, intentando reconciliarte con la voz dormida que se despereza, que comienza en un susurro sugerente. Y ese susurro, para tu sorpresa, combina con el ritmo de tus latidos en perfecta armonía. De pronto las piezas del rompecabezas empiezan a encajar y un frondoso camino se abre ante tus ojos, y sabes que es por allí. Además, sabes que quieres ir por allí. Un indiscutible impulso les ordena a tus pies caminar hacia el sendero, aunque por el momento te obligas todavía a refrenarte en nombre de la lógica. Probablemente hacía tiempo que no escuchabas una voz así y que no te recorría el cuerpo un impulso semejante, así que es prudente que te tomes unos instantes para reconocer que provienen del centro mismo de tu ser. Estás tan acostumbrado a seguir otras voces… las del deber, las del orden, las del supuesto destino. Y cuando sentiste vibrar ese cosquilleo en tu interior te pareció tan extraño, tan desconocido, que te costó asimilar que era tu propia voz. Lo supiste cuando viste ese brillo en tus ojos al mirarte en el espejo. Cuando te sorprendiste sonriendo sin aparente razón y tu estómago experimentó las mareas que provoca la luna cuando se acerca a la Tierra. Cuando descubriste que, aunque tenías los pies en el suelo, estabas volando…

  • Cuentos Cortos

    El hombre de la jaula

    En las tardes de verano me gustaba cargar unas magdalenas, el mate y el termo en un bolso, e ir a la playa a contemplar la puesta del sol. Disfrutaba tanto de esa hora y media sentada en la arena, mis pies dibujando caminos que las tímidas olas borraban y la brisa robando algún mechón de mi pelo casi recogido. Eran de esos momentos de paz y comunión con la naturaleza que te alimentan el alma. Por eso, antes de que la tarde empezara a morir, me encaminaba hacia aquel lugar bordeando la costanera.

    Aquel día emprendí la salida antes de tiempo y tomé otro camino, tentada por visitar los puestos de artesanías que se montaban en la feria de la plaza. Pero al llegar allí, algo más llamó mi atención. En medio del césped y rodeada de algún que otro arbusto, había una jaula del tamaño de una habitación reducida. La celda estaba habitada por un hombre sentado en un banco, de piernas cruzadas y de semblante concentrado en la lectura de un libro que sostenía en sus manos. Impulsada por la intriga y una naciente necesidad de ayudar a aquel extraño, me acerqué hasta los barrotes oxidados.

    — Buenas tardes… — saludé expectante, notando que la puerta de la jaula estaba entreabierta.

    — ¡Buenas tardes! ¿Cómo estás? — saludó el hombre con sonrisa cordial, levantando la vista hacia mí.

    — Muy bien, gracias… Lo he visto y no he podido dejar de preguntarme qué hace usted dentro de esta jaula — señalé la construcción de hierro que lo tenía prisionero.