• Miedo
    Anécdotas

    El viejo miedoso

    Cuando la cocinera me entregó la bandeja con mi plato de comida y dos trozos de pan, giré sobre mí misma y recorrí con la mirada la sala del comedor, intentando detectar un lugar libre en alguna de las mesas.  Sólo quedaba  un sitio frente a un hombre mayor, de unos 70 años, con una barba blanca algo crecida que le daba aires de sabio. Hacia allí me dirigí, haciendo malabares con mi bolso, unas carpetas y la bandeja para que nada terminara en el suelo.

    — Buen día… le molesta si me siento aquí a almorzar, frente a usted? — no pude evitar preguntar al ver su cara de pocos amigos. Dejó suspendido el tenedor a centímetros de su boca mientras me examinaba con ojos desconfiados. Por toda respuesta hizo un ademán con la mano para que me sentara, y siguió con su misión de devorarse el plato de fideos con salsa. Me senté acomodando mis cosas al costado del banco y me dispuse a hacer lo mismo que el hombre en silencio, ya que la mesa no mostraba promesas de charla. Sin embargo me sorprendió al señalar con la cabeza mis carpetas y preguntar:

  • Imposible
    Cuentos Cortos

    Imposible

    Condujo su coche comandado sólo por la idea de verla. Era un impulso que lo invadía bastante seguido últimamente, y por eso la ruta que lo llevaba a su oficina sufría algunos desvíos obligatorios y frecuentes. No siempre tenía suerte, a decir verdad… pocas veces la encontraba en el camino. Pero lejos de ser ése un motivo para desistir, más le ahondaba en el pecho el deseo de cruzarla. Pensó en aquella mañana de octubre en que la conoció. Tan hermosa y alborotada, ella parecía no haberse fijado en él. Pero él sí, la había observado tan profundamente en esos pocos minutos que había sido suficiente para despertar su interés. Bueno… sí, algo más que interés. Quizás esa ansiedad seducida por la certeza de que hay algo más.

    Al doblar la esquina la silueta anhelada se dibujó ante sus ojos, y el corazón le dio un vuelco.