• Hay un guerrero en ti
    Cuestiones

    Hay un Guerrero en ti

    Sí, ya lo sé. He sentido esto muchas veces. El mundo te abruma como si fuese un puño que te oprime y te deja poco aire para respirar. Los caminos se cierran en vez de abrirse y te pesa cada día que amanece. Las circunstancias de la vida te han llevado a habitar esa cueva donde te escondes, ese sitio seguro donde de algún modo te proteges de los peligros del afuera y donde evitas mirar de frente las propias sombras que guardas dentro. Afuera asechan todo tipo de males: la indiferencia, el abandono, el desamor, la agresividad, el riesgo propio de tomar decisiones para elegir uno u otro camino, la incertidumbre, el fracaso, la decepción. Temes salir de la cueva y que alguno de esos monstruos te congele el corazón. Y dentro tuyo logras callar esos fantasmas que te susurran al oído: el miedo, la desesperanza, la culpa, la tristeza. Un día más de falso equilibrio, y todo lo sostienes con la simple decisión de quedarte donde estás. No te mueves, casi no respiras, por no alterar la estructura de tu cueva y que todo se venga abajo. Podrías desatar un tremendo derrumbe si lo hicieras, y los males del afuera se mezclarían con los fantasmas del adentro, y quién sabe qué sería de ti. Quién sabe si podrías con eso.

    Pero lo cierto es que tampoco puedes con esto. Dentro de tu cueva aún queda espacio para soñar una vida diferente

  • Cuestiones

    ¿Autosuficiente?

    Ajá, con que crees que eres autosuficiente. Has creído a lo largo de una vida que todo lo podías hacer solo, o peor aún, que todo lo debías hacer solo. Llorar es de débiles, por ejemplo. Entonces, como puedes solo con tu angustia, te encierras en tu habitación a llorar en soledad. No puedes negar que tienes momentos de debilidad, pero puedes ocultarlos, puedes evitar que alguien te vea así. Luego saldrás por la puerta grande mostrando lo fuerte que eres y lo resuelta que está tu vida, pero mientras te sientas desmoronar deberás esconderte para que nadie observe tus ruinas. Te admiras por valerte por ti mismo, sin la ayuda de nadie. Aunque esta autosuficiencia te cueste días de un gris asfixiante y noches que parecen un abismo, te exiges levantarte, como puedas, secarte la humedad de los ojos, sacudirte el polvo de las rodillas e intentarlo otra vez… solo. No necesitas de nadie, tus conflictos son tuyos, tus desafíos también. No es cuestión de molestar a los otros y, además, tu gran proeza es hacerlo solo. Lo sé… he pecado de autosuficiente muchos años de mi vida.

    Pues déjame decirte una gran verdad: la persona autosuficiente no existe.