• Por qué no?
    Cuestiones

    Por qué no?

    Mi amigo me preguntó (en realidad, se preguntó a sí mismo) por qué su trabajo lo empuja a descuidar otros ámbitos de su vida. Y esta es una cuestión que, en mayor o menor medida, nos suele afectar a muchos en algún momento de nuestra existencia, cuando cierta esfera de nuestra cotidianeidad nos acapara una mayor concentración de atención y de energía que otras. Por ejemplo, puede ser también que te suceda que el ser mamá o papá implique en tu vida descuidar tu relación de pareja. O que ser esposa devenga en no tener una vida profesional o laboral como te hubiera gustado desarrollar. O que la familia te lleve tanto tiempo que no haya lugar en tus prioridades para cumplir tus sueños personales. Hay quienes se abocan demasiado a una vida social como para dedicar un espacio íntimo al amor, y hay aquellos para quienes hacer realidad sus sueños y metas trae aparejado renunciar a una vida familiar. La cuestión es… ¿se puede tenerlo todo? La pregunta sería: ¿por qué no?

  • Resucitar
    Cuestiones

    Sobre Semana Santa y Pascua…

    Confieso que en los últimos años no me he sentido muy religiosa… Y hasta me atrevo a decir que me he cuestionado ciertas creencias como estructuras rígidas de pensamiento que generalmente nos han sido impuestas desde pequeños, sin ahondar en aquellas historias casi mágicas que nos han contado para fabricar nuestra fe. Aunque admito que para el ser humano es necesario tener fe en algo, y aquello que te genere fe será un bastón en el que apoyarte para atravesar la dura selva de la vida y abrirte camino. Por tal es que he construido mis propias ideas acerca de la religión, intentando no juzgar a quienes se sostienen en las ideas heredadas o a quienes han construido otras propias diferentes. Más allá de lo que la historia o los legados bíblicos relaten, los creamos o no, existe una cuestión más profunda sobre el significado de estos días que vivimos. Sí, la semana santa y el domingo de Pascua. Muchos conmemoran el sacrificio de Cristo en la cruz y celebran su resurrección, y es común que no se consuma carne el día viernes, y que el domingo se asista a misa. Otros tantos podrán ir un poco más lejos, y dedicar algunos pensamientos a la reflexión sobre el perdón. Pero la cuestión aquí es que, si nos sinceramos con nosotros mismos, nos daremos cuenta que portamos en nuestras espaldas nuestra propia cruz. Qué digo una, quizás varias cruces, y probablemente alguna corona de espinas. Sucede que estas cruces no lastiman nuestra piel a simple vista ni nos hacen derramar sangre. No vemos nuestras manos y nuestros pies atravesados por los gruesos clavos que nos sujetan a ellas. Es que estas cruces son invisibles, pero te aseguro que su peso va encorvando terriblemente tu alma. La doblega, la silencia, y a veces hasta la enferma.

    No te asustes, es común. Quién en esta vida no lleva o ha llevado a cuestas su propia cruz. Es parte de aquello a lo que el ser humano está predestinado desde incluso antes de nacer. El verdadero problema se presenta cuando nos aferramos a esa cruz.

  • Sonreír
    Cuestiones

    La Chispa (Parte II): Cómo reconocerla.

    ¿Eres feliz, o sólo sonríes..? Me encontré una tarde con este interrogante en la pantalla de mi teléfono móvil, entre tantas frases con y sin sentido que se publican a diario en las redes sociales. Tremenda pregunta. Obliga a detenernos y escuchar qué tiene para decir el corazón. ¿Eres feliz… o sólo sonríes? ¿Cuántas almas cruzaste hoy en la calle o en la oficina que sólo sonríen? ¿Es, quizás, una de esas almas la que viste esta mañana frente al espejo? Probablemente. Y es que todos tenemos días en que sólo sonreímos, de lo contrario… no podríamos saber cuándo nos sentimos felices. La cuestión aquí se trata de cuántas mañanas de nuestras vidas llevamos puesta esa máscara agradable, cuántas tardes de nuestra existencia dibujamos en nuestro rostro una vacía expresión de satisfacción, cuántas noches de nuestra estancia en este mundo acumulamos fingiendo felicidad. Es tan delgada la línea que separa un camino de otro, que no nos damos cuenta en qué momento construimos este gran palacio que, muy en el fondo, no nos complace. Sólo basta mirar a tu alrededor. Hay cosas que no encajan. Tu empleo… te apasiona? Tu pareja… es amor de verdad? Tu familia… es la familia soñada? Tus amigos… te dan amistad real? Tus sueños… llegaste a cumplirlos?

    Una segunda pregunta interesante sería ¿por qué sólo sonreír, y no ser feliz? Y entonces abrimos un abanico de cuestiones.

  • Ser feliz
    Autores Invitados

    Meditación: una herramienta para la vida feliz. (por Mirna Tosto)

    Feliz??? Yo????? si tengo tantos problemas……

    Estamos acostumbrados, aquellos que trabajamos en terapias alternativas de manera seria y responsable, aquellos que hemos transitado por nuestras zonas más oscuras, a escuchar que la gente que se acerca no cree poder ser feliz con la realidad en que vive, que estos espacios son para personas elevadas, y tantas otras cosas más (excusas), que conocemos profundamente, porque también las hemos tenido!!!

    Por esto, y a partir del generoso pedido de mi amiga Anna, es que decido escribir este artículo, para desmitificar la meditación y otros espacios de búsqueda de crecimiento espiritual.

    Desde que comencé con el taller de meditación, espacio para el cual no creía estar totalmente preparada, pero que me sorprendió gratamente, he aprendido que los problemas que cargamos, generalmente, son bastante comunes a todos. Los miedos, las expectativas, las creencias, los mandatos familiares y/o sociales… Los que nos inducen a pensar cómo actuar, cómo deber ser, cómo cumplir las expectativas ajenas olvidándome de las propias… esto que, finalmente, nos lleva a la enfermedad.

    Es por esto y mucho más, que considero que la meditación es un espacio para todos, un espacio para conocernos y reconocernos, un espacio para recordar nuestros sueños y deseos, estos que suprimimos en pos de las “obligaciones”.

    A continuación responderé algunas de las preguntas que más frecuentemente aparecen en este espacio, desde mi humilde opinión.

  • Caos
    Cuestiones

    Un mundo complicado

    Cuántas veces intentamos comprender al mundo, plagado de injusticias y de odio tanto como de tesoros y de amor. Hemos observado esta maraña de historias y de emociones que van desde el blanco más puro hasta el negro más tenebroso. Muchas veces dudamos si sentirnos felices o desafortunados de pertenecer a esta enorme película, donde vemos las escenas más tiernas y las más crudas por el mismo canal. Hambre, paraísos, sangre, risas contagiosas, traiciones, sueños que se cumplen, codicia, bondad. Como si nuestra mente fuera capaz de integrar todos esos contrastes en un solo collage. Donde miren nuestros ojos hallarán lo barato y lo caro, lo superficial y lo profundo, puertas trancadas y caminos abiertos, dolor y libertad. Cómo comprender un mundo así. Cómo no sentirnos perdidos a veces, sin saber por dónde seguir. Y es que este mundo desordenado y hasta irónico me recuerda a mi propio mundo interior, y el mundo que cada uno lleva en su pecho, declarado soberano de este gran y pequeño imperio que cada ser humano es.

    Cuántas veces tampoco podemos comprendernos a nosotros mismos? Hay ocasiones en que ríes a carcajadas abiertas, sintiendo que pierdes peso y que te crecen alas inesperadas a los lados de tu cuerpo, y hasta te sientes flotar sin que tus pies se despeguen de la tierra. Y otras veces la rabia te abruma, el enojo te vuelve pesado, la tristeza te apaga y el silencio te envuelve. Y te miras al espejo y pareces otra persona.

  • Mujer
    Anécdotas

    Lo siento, perdón, gracias, te amo

    Desperté apenas amanecía, con el primer esbozo de claridad que se trepó a mi balcón, y aún así había sido una noche larga. Los ecos de las balas que habían llovido sobre mi ego, las imágenes difusas de las cadenas del pasado y ese olor fresco a decepción… se mezclaban y daban vida a un solo fantasma que se sentaba al mismo tiempo que yo en el desorden revuelto de mi cama. Lo contemplé como se puede contemplar al desastre después de un huracán, rendida. Y entonces fui por ella. La busqué por las habitaciones, atravesando pilas de ropa de batalla y tazas vacías de té que resultaron no ser mágicas. Aparté de mi camino los escombros de lo que había sido mi zona de confort, la cueva donde me había escondido desde mi infancia, observando cómo todavía echaban humo los miedos que habían sido sus andamios. La casa era un caos, como lo era la vida, como lo era mi alma.

    Y allí la encontré, de pronto parada frente a mí, con los ojos nublados y desconfianza en sus pupilas, con la frente vencida y los labios secos por tantas palabras que no fueron oídas. Nos miramos en silencio, con una comprensión tan vasta como el océano. Pude advertir cómo la tormenta también había desordenado su pelo, y cómo su suspiro era una bandera blanca de rendición. Entonces sentí un deseo irrefrenable de romper el silencio, le sostuve la mirada y las palabras brotaron como si dentro mío existiera un manantial que desconocía. Y le dije…: