• Cuestiones

    No son buenos tiempos para los soñadores

    No son buenos tiempos para los soñadores. Nosotros, los soñadores, solemos idealizar lo que tengamos delante y, aunque se siente muy bonito, eso no es bueno en el mundo que habitamos. Es muy probable que nos demos la cabeza contra la pared. Pero resulta que además somos cabezones, así que vamos a repetir este proceso una y varias veces más antes de asumir que la realidad no es tal como la deseábamos. Y más que el golpe contra la pared, duele lo aplastante de la desilusión. La cuestión es que este mundo que habitamos nos ofrece en cada esquina una pared para estrellarnos. Parece que tropezamos más de lo recomendable con espejismos, con arenas movedizas y con trampas para osos. Las avenidas están repletas de humanos que conducen sin saber adónde van, y que para nuestra fortuna coinciden por algún lapso en nuestra nave como copilotos. Los parques de diversiones llenan sus filas con personas que no saben reír, con las que perdemos un tiempo valioso intentando descifrarlas. Amos paseando orgullosos a sus esclavos, exhibiendo las cadenas que los hacen pertenecerse los unos a los otros, cadenas con las que más de una vez nos enredamos casi sin querer. Necios empecinados en convencer al mundo de que las rosas son azules, probando nuestra capacidad de asombro ante tanta estupidez. Payasos regalando risas y sonrisas pero que, incapaces de despertar la sensibilidad en su corazón, dan la espalda en un suspiro a los sentimientos. Y qué hablar de los monstruos disfrazados de civiles que merodean los barrios para encontrar almas a las que asustar, los vampiros que buscan cuellos puros para alimentar su oscuridad y los vendedores de mentiras que están al acecho de nuevas víctimas que estafar.

  • Cuestiones

    Mi cuerda floja

    A pocos les agrada caminar sobre una cuerda floja. Que tengas éxito depende de que sea justo la línea media de tu pie la que se pose en la línea de la cuerda, y por si esto fuera poco, que el resto de tu humanidad también se apoye en ella. Pero es tan fácil pisar en falso, que en cuestión de segundos estarías cayendo hacia uno u otro lado. Y sucede más a menudo de lo que piensas. El día a día está teñido de cuerdas flojas, que además resultan ser invisibles, y sólo te percatas de que pisaste en falso cuando te encuentras cayendo. «Oh, pisé mal», piensas… pero lo hecho, hecho está. Y ves alejarse la cuerda hacia arriba mientras esperas el golpe seco de tu aterrizaje. Es el riesgo inherente de intentar caminar en las alturas. La apuesta inevitable cuando te atreves a más, o cuando la ilusión ha nublado a la razón cual espejismo que promete calmar la sed. Nadie puede asegurarte que llegarás al otro lado de la cuerda, pero sin embargo te embarcas porque lo crees absolutamente posible. Y entonces ocurre un cortocircuito en tu equilibrio, y caes. Pero, una vez que has caído, una vez que te has equivocado al dar ese paso, una vez que te has zambullido dando tumbos por los aires… ¿vuelves a subir a la cuerda?

  • Autores Invitados,  Cuestiones

    Morir, renacer…

    «Protesta a la muerte»

    La muerte acosa mi alma, sabe que el tiempo le es favorable, por lo tanto goza de ser inevitable, juega y amaga, se asoma… se esconde.
    Mi discrepancia con ella no es excusa; vivo mis días en su contra, ignorando los numerosos finales que me han sido revelados, protestando ante su inminencia, desafiando su apremiante llegada, insultándole por los amores que me ha quitado.

    Confieso que le he deseado un par de veces; como amante que anhela los brazos de quien le ha dañado, cual miserable, que en el patíbulo apura sus engrillados pasos, con la esperanza de ser prontamente librado.

    Pero la muerte no juega en mi liga, no asiste cuando se le invoca, no responde llamados ni se somete, no se agrada en mis múltiples contradicciones, no… ella tiene sus propias reglas, no transa, dejando en claro que lo eterno no se rige por la carne y que más temprano que tarde, el chasquido de sus dedos se alineará con mi parpadeo y al fin… estaremos cara a cara.

    Kako Núñez

     

    ¿Por qué piensas que no me conoces? Desde niño te han enseñado que soy un enigma del que mejor no hablar. Como esos agujeros negros del universo que no sabes a dónde te llevan, pero que inevitablemente algún día tendrás que atravesar.

  • Cuestiones

    Permiso para sentirte derrotado

    Por hoy, sólo por hoy, te doy permiso para sentirte derrotado. ¿Por qué? Porque me doy cuenta que es justamente lo que estás sintiendo ahora, y de nada sirve reprimirlo. Si le damos vía libre, veinticuatro horas serán suficientes para que puedas liberarte. Así que adelante, dejemos que esa energía oscura y pesada salga a la superficie. Podemos aceptar que hoy estamos oscuros y pesados, y no nos vamos a morir por ello, ni vamos a sentenciarnos a una vida sombría ni nos perseguirá la mala suerte por décadas. Peor sería que por no querer mirar lo que nos pasa, le dejemos echar raíces. Respira profundo una vez, y otra vez más, y acepta: hoy es un día gris, qué digo gris… un día negro como noche sin luna.

  • Resucitar
    Cuestiones

    Sobre Semana Santa y Pascua…

    Confieso que en los últimos años no me he sentido muy religiosa… Y hasta me atrevo a decir que me he cuestionado ciertas creencias como estructuras rígidas de pensamiento que generalmente nos han sido impuestas desde pequeños, sin ahondar en aquellas historias casi mágicas que nos han contado para fabricar nuestra fe. Aunque admito que para el ser humano es necesario tener fe en algo, y aquello que te genere fe será un bastón en el que apoyarte para atravesar la dura selva de la vida y abrirte camino. Por tal es que he construido mis propias ideas acerca de la religión, intentando no juzgar a quienes se sostienen en las ideas heredadas o a quienes han construido otras propias diferentes. Más allá de lo que la historia o los legados bíblicos relaten, los creamos o no, existe una cuestión más profunda sobre el significado de estos días que vivimos. Sí, la semana santa y el domingo de Pascua. Muchos conmemoran el sacrificio de Cristo en la cruz y celebran su resurrección, y es común que no se consuma carne el día viernes, y que el domingo se asista a misa. Otros tantos podrán ir un poco más lejos, y dedicar algunos pensamientos a la reflexión sobre el perdón. Pero la cuestión aquí es que, si nos sinceramos con nosotros mismos, nos daremos cuenta que portamos en nuestras espaldas nuestra propia cruz. Qué digo una, quizás varias cruces, y probablemente alguna corona de espinas. Sucede que estas cruces no lastiman nuestra piel a simple vista ni nos hacen derramar sangre. No vemos nuestras manos y nuestros pies atravesados por los gruesos clavos que nos sujetan a ellas. Es que estas cruces son invisibles, pero te aseguro que su peso va encorvando terriblemente tu alma. La doblega, la silencia, y a veces hasta la enferma.

    No te asustes, es común. Quién en esta vida no lleva o ha llevado a cuestas su propia cruz. Es parte de aquello a lo que el ser humano está predestinado desde incluso antes de nacer. El verdadero problema se presenta cuando nos aferramos a esa cruz.

  • Caos
    Cuestiones

    Un mundo complicado

    Cuántas veces intentamos comprender al mundo, plagado de injusticias y de odio tanto como de tesoros y de amor. Hemos observado esta maraña de historias y de emociones que van desde el blanco más puro hasta el negro más tenebroso. Muchas veces dudamos si sentirnos felices o desafortunados de pertenecer a esta enorme película, donde vemos las escenas más tiernas y las más crudas por el mismo canal. Hambre, paraísos, sangre, risas contagiosas, traiciones, sueños que se cumplen, codicia, bondad. Como si nuestra mente fuera capaz de integrar todos esos contrastes en un solo collage. Donde miren nuestros ojos hallarán lo barato y lo caro, lo superficial y lo profundo, puertas trancadas y caminos abiertos, dolor y libertad. Cómo comprender un mundo así. Cómo no sentirnos perdidos a veces, sin saber por dónde seguir. Y es que este mundo desordenado y hasta irónico me recuerda a mi propio mundo interior, y el mundo que cada uno lleva en su pecho, declarado soberano de este gran y pequeño imperio que cada ser humano es.

    Cuántas veces tampoco podemos comprendernos a nosotros mismos? Hay ocasiones en que ríes a carcajadas abiertas, sintiendo que pierdes peso y que te crecen alas inesperadas a los lados de tu cuerpo, y hasta te sientes flotar sin que tus pies se despeguen de la tierra. Y otras veces la rabia te abruma, el enojo te vuelve pesado, la tristeza te apaga y el silencio te envuelve. Y te miras al espejo y pareces otra persona.