Escucharse a uno mismo
Cuestiones

¿Qué estás sintiendo?

¿Cuántas veces reprimiste lo que sentías? No estoy hablando de sentir algo  y no haberlo expresado. Hablo de convencerte de que no lo sentías. Si estás convencido de no sentir algo, probablemente no te des cuenta a lo que me estoy refiriendo. O probablemente algo resuene dentro tuyo diciéndote “sí, aquí hay algo que no me he permitido sentir”. También puede haberte pasado que algún sentimiento o alguna emoción comenzó a brotar y automáticamente la anulaste para que no siguiera creciendo, para que no saliera a la superficie. Creés que la has matado y que no la sentirás más. Pero no es así, a mí también me ha pasado. Muy lejos de dejarse asesinar, ese sentimiento o esa emoción permanece latente, y se cuela por cada lugar que encuentra para hacerlo. Si lo que quisiste matar era la ira, entonces verás cómo cualquier nimiedad es capaz de encender tu enojo. Si lo que quisiste anular era el miedo, te darás cuenta cómo te encontrás paralizado en otras situaciones. A veces es tanto lo que decidimos ignorar lo que sentimos, que nos cuesta mucho relacionarlo con lo que sucede a consecuencia de ello. Y nos preguntamos una y otra vez por qué nos sucede tal o cual cosa.

Las razones por las que decidimos reprimir nuestros sentimientos pueden ser muchas. En general, elegimos inconscientemente hacerlo, otras veces lo hacemos de manera deliberada y consciente. Puede ser que pensemos que está mal sentir lo que sentimos, que no es correcto. Que sentir lo que sentimos nos hace malas personas. Que no es bueno que dejemos fluir algo tan dañino. Puede pasar que creamos que ser fuertes implica no experimentar esa clase de emociones, y por lo tanto no podemos permitirnos el debilitarnos. También puede ocurrir que dejarnos sentir nos provoque una incomodidad tan grande que preferimos evitarla. Hay sentimientos y emociones demasiado molestos que tienen el poder de desestabilizarnos y de arruinar nuestra rutina, y justamente la rutina nos sirve de cortina para ocultarlos. Otros duelen tanto, que no nos creemos lo suficientemente valientes para enfrentarlos, o nos convencemos de que si tenemos el coraje de ignorarlos entonces somos héroes.

La noticia es que si nunca te decidiste a enfrentarlos, siguen ahí. Si nunca te animaste a abrir la caja de los sentimientos reprimidos, llegará el momento en que se harán notar. Y cuanto más te demores en hacerlo, más estruendo harán. Una emoción que no se deja fluir no se queda como un tímido brote esperando que decidas mirarlo. Crece y crece en la oscuridad, y puede llegar a dar sus peores ramas. Buscará la forma de que la mires y la aceptes, simplemente porque existe dentro tuyo, porque necesita que le abras la puerta para fluir. Cualquier emoción que te guardes sólo estancará tu energía, sólo te dará oscuridad y entorpecerá tu propio fluir. Lo sentirás como un nudo en el pecho, o en la garganta, o en el plexo solar. Es incómoda. De nada te servirá huir de ella porque siempre terminarás por encontrarla, aquí o en otro lugar, en esta o aquella situación, con tal o cual persona, despierto o soñando por la noche. Siempre logrará aprovechar alguna circunstancia para hacerse ver, y cuanto más te niegues a mirarla más daño estarás haciéndote a vos mismo.

Sentir o no sentir
Fuente de la Imagen: Pixabay

¿Por qué pensar que no sos fuerte si te permitís sentir lo que sentís? Al contrario, sos fuerte si te das ese permiso. ¿Por qué creer que sos despreciable por sentir lo que sentís? Al contrario, sos admirable por hacerlo. ¿Pensás que evitás el dolor si no sentís? Eso no es así, sólo lo dejás seguir acumulándose dentro tuyo. Estas emociones pueden estar toda la eternidad agigantándose, cobrándose los momentos importantes de tu vida. Por qué dejarlas atorarse y atorarte, cuando existe la opción de ser libre de ellas. ¿Qué es lo que sentís? ¿Ira? ¿Enojo? ¿Miedo? ¿Tristeza? ¿Rencor? ¿Envidia? ¿Culpa? No deseás sentir esto, ¿verdad? Entonces el primer paso es asumir que lo sentís, aceptar que esas emociones están ahí, porque son muy reales. Podrás percibir cómo afloran por tu cuerpo apenas tomás la decisión de observarlas. Podrás experimentar cómo pugnan por salir. Dejalas ser. Dejate ser. No sos el enojo, sos alguien que siente enojo. No sos la culpa, sos un ser que hoy siente culpa. No estás hecho de miedos, es muy humano sentir miedo. Reconocer tus emociones te da un poder propio incalculable, te da el poder de transformarlas, de hacerte libre. No engañarte respecto a lo que sentís te hace ser más auténtico.

Un buen ejercicio es practicar la honestidad con vos mismo. Preguntarte, interrogarte, descubrirte. Sentirte libre de ser y de sentir. Permitir que afloren aquellos sentimientos y emociones tan celosamente guardados. No dejan de ser si no los mirás. Fluyen y se transforman si los aceptás. Encontrarás la forma de expresarlos, de traerlos a la superficie, de hacerlos conscientes. Una vez que lo hagas encuentran su cauce, como un río libre que puede al fin correr en su dirección. Te propongo aceptarte como humano que sos, está permitido sentir, y no sólo está permitido, es necesario.  No lo demores, siempre es el momento. Decidite por abrir tu caja de emociones, decidite a mirar qué hay dentro. ¿Pensaste ya lo liviano que te sentirás al hacerlo?

Anna Aguilar

Deja un comentario