Por qué no?
Cuestiones

Por qué no?

Mi amigo me preguntó (en realidad, se preguntó a sí mismo) por qué su trabajo lo empuja a descuidar otros ámbitos de su vida. Y esta es una cuestión que, en mayor o menor medida, nos suele afectar a muchos en algún momento de nuestra existencia, cuando cierta esfera de nuestra cotidianeidad nos acapara una mayor concentración de atención y de energía que otras. Por ejemplo, puede ser también que te suceda que el ser mamá o papá implique en tu vida descuidar tu relación de pareja. O que ser esposa devenga en no tener una vida profesional o laboral como te hubiera gustado desarrollar. O que la familia te lleve tanto tiempo que no haya lugar en tus prioridades para cumplir tus sueños personales. Hay quienes se abocan demasiado a una vida social como para dedicar un espacio íntimo al amor, y hay aquellos para quienes hacer realidad sus sueños y metas trae aparejado renunciar a una vida familiar. La cuestión es… ¿se puede tenerlo todo? La pregunta sería: ¿por qué no?

Aún no estoy diciendo que sea posible o no tenerlo todo, de hecho a muchos nos cuesta hacer lugar para todas las esferas en nuestros días de veinticuatro horas. Quien logre combinar sueños, familia, amor, trabajo, vocación, amigos y vida social, sería una persona feliz… y eso, a la ligera, nos parece inalcanzable. Por eso construimos un sistema de prioridades, y en ese escalafón algunos aspectos de nuestra vida quedan casi inevitablemente relegados, y a veces olvidados. La cuestión emerge a la superficie cuando anhelamos ese sueño sin cumplir, esa vida social que no tenemos, ese trabajo que hubiéramos hecho con pasión, esa familia que postergamos o ese amor que falta en nuestros días. ¿Por qué no hay espacio para ello en nuestra vida? Simplemente porque no se lo dimos. Y aquí las luces de los reflectores giran automáticamente al real protagonista y autor de cada vida: cada uno de nosotros mismos. Si él no siguió su vocación de ser astronauta, ella no ha cumplido su sueño de ser bailarina, tú no tienes una vida social activa o yo no tengo un amor con quien despertar cada mañana, es lisa y llanamente porque no estamos eligiendo eso. ¿Acaso no somos seres libres? ¿No es que nuestra vida es una hoja en blanco y podemos escribir en ella lo que deseemos? Entonces, ¿cómo es posible que si deseamos algo no lo estemos eligiendo? O peor aún, ¿cómo es posible que no nos sintamos libres de elegirlo? Bueno, la respuesta a esto puede ser que aunque somos libres, quizás no lo seamos tanto. Somos libres a un nivel consciente, pero esclavos de aquello que se esconde entre las sombras del subconsciente. La buena noticia es que ese subconsciente en algún momento hace ruido, y es entonces cuando nos encontramos preguntándonos ¿por qué no?

Si la pregunta es por qué no tengo una vida social, puede que mi mente consciente me responda que mi trabajo absorbente no me deja tiempo, pero… ¿qué tiene que decir mi subconsciente? Pueden aparecer muchas respuestas a la pregunta del «por qué no», y tendremos que saber distinguir aquellas que nos acerquen a la verdad de aquellas que suenen a excusas. Se trata de animarse a hilvanar más fino, de observar más allá de lo obvio. Porque es muy fácil engañarnos para acortar el camino y conformarnos con una explicación que nos mantenga en nuestra zona de confort. Pero como somos almas inquietas, seguiremos la ruta del «por qué» hasta llegar a la profundidad del asunto, aunque debamos indagar en nuestra intrincada mente subconsciente. Entonces una explicación que suene a excusa no nos conformará. No tener tiempo es una excusa tremenda, la vida está hecha de tiempo. En cambio, necesitar escapar de algo puede ser una razón más lógica. No tener oportunidades es otro banal pretexto… cada instante presente es una oportunidad en sí mismo. Sentir miedo suena más coherente, o no creernos merecedores de disfrutar cual cosa, o no tener suficiente valor para afrontar el reto.

Por qué no?
Fuente de la Imagen: Pixabay.

La clave estaría en dejar de buscar la respuesta en el afuera y echar un vistazo en nuestro interior. Si miramos el afuera encontraremos mil y una excusas, muy cómodas para justificarnos. Si miramos hacia adentro es muy probable que hallemos respuestas que nos hagan más libres de elegir. Podríamos dejar de repartir culpas al mundo y sus circunstancias, la falta de tiempo y de oportunidades, las obligaciones y los mandatos sociales y morales. Podríamos hurgar un poquito en nuestra caja de emociones y descubrir qué miedos, inseguridades o limitaciones propias nos habitan. Y hasta podríamos revelar la raíz de esas emociones, qué nos ha llevado a sentir lo que sentimos, qué nos ha hecho elegir lo que elegimos, o no elegir lo que anhelamos. Aunque la excusa que ofrece la mente suene convincente, juguemos con la idea de preguntarnos por qué no nos estamos permitiendo eso que nos está faltando.

Personalmente, creo que sí se puede tener todo lo que deseamos. Pero esto requiere un ineludible trabajo de autoconocimiento. Requiere aprender a escucharse a uno mismo para saber qué es lo que el alma anhela y por qué no lo estamos eligiendo para nuestra vida. Requiere reconocernos libres de cualquier circunstancia, persona, regla social o mandato familiar, para decidirnos por lo que nos hace felices. Y es necesario reconocernos capaces y perfectos hacedores de la realidad que queramos vivir. En esas condiciones será fácil identificar todo aquello que vibra en nuestra sintonía y mantenerlo en nuestra vida. Sueños y metas, amor y familia, amigos y vida social, trabajo y vocación… todas las esferas encajarán perfectamente si todas vibran en nuestra misma frecuencia, sin excusas para huir de ninguna o sin razones para no disfrutar de ellas, si es nuestro verdadero deseo hacerlo. Todo esto sería posible comenzando por preguntar «por qué»… y si te lo estás preguntado es porque desde dentro ese subconsciente hace ruido, y hay algo allí por descubrir.

Así que, mi querido amigo, me alegra mucho que te hayas preguntado «por qué»… aunque no espero haber despejado tu incógnita tanto como haber sembrado nuevos interrogantes a esta cuestión. Y puedo decirte además que, casual o causalmente, me has inspirado a preguntarme mis propios «por qué no».

 

Anna Aguilar

 

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