Cuestiones

Permiso para sentirte derrotado

Por hoy, sólo por hoy, te doy permiso para sentirte derrotado. ¿Por qué? Porque me doy cuenta que es justamente lo que estás sintiendo ahora, y de nada sirve reprimirlo. Si le damos vía libre, veinticuatro horas serán suficientes para que puedas liberarte. Así que adelante, dejemos que esa energía oscura y pesada salga a la superficie. Podemos aceptar que hoy estamos oscuros y pesados, y no nos vamos a morir por ello, ni vamos a sentenciarnos a una vida sombría ni nos perseguirá la mala suerte por décadas. Peor sería que por no querer mirar lo que nos pasa, le dejemos echar raíces. Respira profundo una vez, y otra vez más, y acepta: hoy es un día gris, qué digo gris… un día negro como noche sin luna.

¿Qué te gustaría hacer? Ya lo sé, es de esos momentos en los que no te gustaría hacer nada. No quisieras golpear una almohada porque no estás enojado. Tampoco quisieras llorar, porque no estás triste. Simplemente te quedarías sentado al borde del río hasta que el sol desaparezca detrás de los árboles y el viento frío te obligue a volver a casa. Eso si pudieras convencerte de caminar hasta el río. Tal vez sería mejor quedarte echado frente a la chimenea oyendo crujir la leña, o viendo una película de esas malas que sirven para rellenar los silencios. Porque en días como hoy, es ley que la película que pongas será pésima. ¿Quisieras cocinarte algo? No, qué más da… Cocinar sólo para ti sería una pérdida de tiempo, y el indicador de tu batería marca en rojo, por lo que debieras ahorrar esfuerzos. Mejor un café, tal vez después un cigarro. Y más tarde, si el desvelo aparece, una medida de whisky o una copa de licor… o lo que tengas guardado en la alacena. Dicen que el chocolate produce felicidad… mentira, pero sabe rico.

Ah… qué vida tan contradictoria, ¿no? Ayer estabas tan bien, hoy no tienes idea de qué te pasa. Ayer estabas en lo alto de la rueda, y hoy la rueda ha girado, tan drástica ella. Afuera no ha cambiado nada, o casi nada. Sabes que lo que sucede… sucede adentro. ¿Pero es que acaso no has tenido suficiente aprendizaje ya? Ya debieras estar en la cresta de la ola. Lo que ocurre es que las olas también se desploman sobre la playa. ¿Será que siempre va a ser así? Quién sabe… ¿Será que siempre hay algo que aprender? Probablemente, pero estás cansado de aprender y aprender. Te gustaría disfrutar. Te encantaría un golpe de suerte, una oportunidad caída del cielo o que los caminos se abrieran providencialmente, sin tener que hacer ningún esfuerzo. Pero es que toda la vida es un gran obstáculo. Cada vez que emprendes un camino sueles encontrarte con un pozo en medio, y otra vez toca conocer tus oscuridades. Otra vez toca trepar para salir del pozo, y es que estás tan harto de los pozos que vas a quedarte sentado un momento allí, resoplando. A veces se te ocurre que tú solo eres el que tiene la costumbre de caerse en un pozo. ¿Cómo hacen aquellos que recorren el mundo? Puede ser que la vida les haya obsequiado un mapa, pero como la vida es tan injusta… a ti no te lo ha dado, y por eso tienes que avanzar a base de prueba y error.

Casi te duermes de tanto silencio, sería muy fácil entre esas cuatro paredes y envuelto en soledad. Te complacería mirar a tu alrededor y ver multiplicada la gente que te hace sonreír, esa que sólo sabe crear buenos momentos. Pero ya lo ves… el mundo corre detrás de su propia cola, sin ver más allá. Nadie sabe lo que quiere (¿y acaso tú sí?). Todos viven atrapados en su propia jaula (¿y es que acaso tú no?). Cómo no encerrarte en una soledad segura, si allá afuera todo es caos. Si cada individuo con el que te cruzas va a mostrarte tu parte débil, ¿qué ganas de cruzar esa puerta vas a tener? Al diablo con la ley del espejo, ya no quieres más espejos… seguramente los necesites, pero por hoy ya no los quieres. Sólo deseas tu propia compañía, otra voz estorbaría.

Bah, la vida apesta. El mundo te aplasta. El universo se ríe de tu mueca tan apática. Debes cambiar tu vibración, dice algún libro de metafísica. Claro, como si se tratara de realizar un trámite. Si ni siquiera tienes deseos de peinarte. Es posible que no hayas nacido para estar en sintonía con el universo, y que tu destino no sea más que ver pasar los otoños haciendo tic tac mientras te haces viejo. Puedes jugar a que tienes algún sueño, una meta, un proyecto, pero ese juego se evaporará para mostrarte lo vacío que estás. Tan vacío como cuando empezaste, más vacío que tu último día gris.

Fuente de la Imagen: Pixabay.

Otro sorbo de café, ya está un poco frío. Suspiras porque ya te aburriste del café… así, como te aburre mirar qué hora es en el reloj. Será cuestión de ir a dormir, si el día está perdido. Pero no ha sido un día en vano, amigo mío, sino todo lo contrario. Ha sido un día sabio. Un árbol debe secar sus ramas y sus hojas en otoño porque, de otro modo, no podría florecer en primavera. Y como el árbol, a veces necesitas secarte si tu otoño te invade. Es necesario apagarte para volver a encenderte. Es necesario estar harto del mundo para volver a amarlo como si lo descubrieses por primera vez. Es necesario mirar la jaula desde adentro para tener otra vez ganas de salir. Y lo maravilloso de esto es que sabes que así será. Puedes sentarte un momento a resoplar en el pozo porque estás seguro que mañana estarás fuera de él. Sabes que mañana ya no será un día tan gris, que te peinarás o dejarás que el viento se ocupe de tu peinado, que en vez de oír silencio te sorprenderás tarareando una canción. Sabes que mañana alguien te hará reír, alguien te llenará el corazón, y alguien te hará sentir humano otra vez. Porque la rueda habrá girado y el universo reirá contigo, el mundo ya no estará en tu contra y no te complacerá más ese cigarro en soledad. Y es porque sabes todo esto, amigo mío, que te doy permiso para tener un día gris… pero, recuerda, sólo por hoy.

 

Anna Aguilar

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