• Sonreír
    Cuestiones

    La Chispa (Parte II): Cómo reconocerla.

    ¿Eres feliz, o sólo sonríes..? Me encontré una tarde con este interrogante en la pantalla de mi teléfono móvil, entre tantas frases con y sin sentido que se publican a diario en las redes sociales. Tremenda pregunta. Obliga a detenernos y escuchar qué tiene para decir el corazón. ¿Eres feliz… o sólo sonríes? ¿Cuántas almas cruzaste hoy en la calle o en la oficina que sólo sonríen? ¿Es, quizás, una de esas almas la que viste esta mañana frente al espejo? Probablemente. Y es que todos tenemos días en que sólo sonreímos, de lo contrario… no podríamos saber cuándo nos sentimos felices. La cuestión aquí se trata de cuántas mañanas de nuestras vidas llevamos puesta esa máscara agradable, cuántas tardes de nuestra existencia dibujamos en nuestro rostro una vacía expresión de satisfacción, cuántas noches de nuestra estancia en este mundo acumulamos fingiendo felicidad. Es tan delgada la línea que separa un camino de otro, que no nos damos cuenta en qué momento construimos este gran palacio que, muy en el fondo, no nos complace. Sólo basta mirar a tu alrededor. Hay cosas que no encajan. Tu empleo… te apasiona? Tu pareja… es amor de verdad? Tu familia… es la familia soñada? Tus amigos… te dan amistad real? Tus sueños… llegaste a cumplirlos?

    Una segunda pregunta interesante sería ¿por qué sólo sonreír, y no ser feliz? Y entonces abrimos un abanico de cuestiones.

  • Ser feliz
    Autores Invitados

    Meditación: una herramienta para la vida feliz. (por Mirna Tosto)

    Feliz??? Yo????? si tengo tantos problemas……

    Estamos acostumbrados, aquellos que trabajamos en terapias alternativas de manera seria y responsable, aquellos que hemos transitado por nuestras zonas más oscuras, a escuchar que la gente que se acerca no cree poder ser feliz con la realidad en que vive, que estos espacios son para personas elevadas, y tantas otras cosas más (excusas), que conocemos profundamente, porque también las hemos tenido!!!

    Por esto, y a partir del generoso pedido de mi amiga Anna, es que decido escribir este artículo, para desmitificar la meditación y otros espacios de búsqueda de crecimiento espiritual.

    Desde que comencé con el taller de meditación, espacio para el cual no creía estar totalmente preparada, pero que me sorprendió gratamente, he aprendido que los problemas que cargamos, generalmente, son bastante comunes a todos. Los miedos, las expectativas, las creencias, los mandatos familiares y/o sociales… Los que nos inducen a pensar cómo actuar, cómo deber ser, cómo cumplir las expectativas ajenas olvidándome de las propias… esto que, finalmente, nos lleva a la enfermedad.

    Es por esto y mucho más, que considero que la meditación es un espacio para todos, un espacio para conocernos y reconocernos, un espacio para recordar nuestros sueños y deseos, estos que suprimimos en pos de las “obligaciones”.

    A continuación responderé algunas de las preguntas que más frecuentemente aparecen en este espacio, desde mi humilde opinión.

  • Caos
    Cuestiones

    Un mundo complicado

    Cuántas veces intentamos comprender al mundo, plagado de injusticias y de odio tanto como de tesoros y de amor. Hemos observado esta maraña de historias y de emociones que van desde el blanco más puro hasta el negro más tenebroso. Muchas veces dudamos si sentirnos felices o desafortunados de pertenecer a esta enorme película, donde vemos las escenas más tiernas y las más crudas por el mismo canal. Hambre, paraísos, sangre, risas contagiosas, traiciones, sueños que se cumplen, codicia, bondad. Como si nuestra mente fuera capaz de integrar todos esos contrastes en un solo collage. Donde miren nuestros ojos hallarán lo barato y lo caro, lo superficial y lo profundo, puertas trancadas y caminos abiertos, dolor y libertad. Cómo comprender un mundo así. Cómo no sentirnos perdidos a veces, sin saber por dónde seguir. Y es que este mundo desordenado y hasta irónico me recuerda a mi propio mundo interior, y el mundo que cada uno lleva en su pecho, declarado soberano de este gran y pequeño imperio que cada ser humano es.

    Cuántas veces tampoco podemos comprendernos a nosotros mismos? Hay ocasiones en que ríes a carcajadas abiertas, sintiendo que pierdes peso y que te crecen alas inesperadas a los lados de tu cuerpo, y hasta te sientes flotar sin que tus pies se despeguen de la tierra. Y otras veces la rabia te abruma, el enojo te vuelve pesado, la tristeza te apaga y el silencio te envuelve. Y te miras al espejo y pareces otra persona.

  • Bestia
    Cuentos Cortos

    Muerte de un psicópata

    El frío del metal desgarrándote el hígado congeló ese último instante. Era verdad eso que dicen, antes de morir ves pasar tu vida ante tus ojos como una agónica película que llega a su final. Y además de agónica, en tu caso la película era bastante sarcástica, una especie de comedia negra que te mostraba todo lo que hiciste mal. Nunca imaginaste este final, nunca imaginaste que estaba tan cerca. Las piernas se te aflojaron por última vez, exhalando el resto de fuerza que les quedaba. Supiste que no había vuelta atrás. Se terminó el show. Torpemente llevaste tu mano al lado derecho, en un intento ridículo de sosegar el dolor. Pero ése no era el único dolor que se desparramaba por tu cuerpo. Ese minuto eterno te enfrentaba con algo mucho más terrible que tu verdugo, y era tu propia bestia. Esa que toda una vida guardaste entre las rejas de tu conciencia, convenciéndote una y mil veces de que no existía, disfrazándola con la enorme mentira que veías en el espejo cada mañana al comenzar tus días. Ya no habría más mañanas grises para engañar. Dios… cómo duele, no? Tantos años huyendo de ella, y ahora la bestia se paraba justo enfrente tuyo para verte morir. Una mueca triste e irónica se dibujó en tus labios, y tus ojos por primera vez fueron honestos, aterrorizados del abismo que te invadía.

  • Imposible
    Cuentos Cortos

    Imposible

    Condujo su coche comandado sólo por la idea de verla. Era un impulso que lo invadía bastante seguido últimamente, y por eso la ruta que lo llevaba a su oficina sufría algunos desvíos obligatorios y frecuentes. No siempre tenía suerte, a decir verdad… pocas veces la encontraba en el camino. Pero lejos de ser ése un motivo para desistir, más le ahondaba en el pecho el deseo de cruzarla. Pensó en aquella mañana de octubre en que la conoció. Tan hermosa y alborotada, ella parecía no haberse fijado en él. Pero él sí, la había observado tan profundamente en esos pocos minutos que había sido suficiente para despertar su interés. Bueno… sí, algo más que interés. Quizás esa ansiedad seducida por la certeza de que hay algo más.

    Al doblar la esquina la silueta anhelada se dibujó ante sus ojos, y el corazón le dio un vuelco.

  • Ira
    Cuestiones

    Enojada

    Siguiendo los sabios consejos del brujito, te decidiste a mirar la primera piedra que en orden jerárquico estorba en tu camino. La más pesada y afilada, el enojo. Ah sí, estás enojada, y sobran motivos para estarlo. Así que por hoy vamos a posponer el asunto del perdón y la promesa de dejar atrás el pasado, y vamos a observar detenidamente este escollo importante que se te atraviesa en la garganta. Ya vendrá el tiempo de redimir.  Ya soplarán los aires de libertad cuando las cadenas del rencor se desvanezcan y dejen de anclarte en un presente a medio ser… porque las dos sabemos que tu «ahora» está muy lleno del «ayer». Pero mientras tanto es necesario echar un poco de luz sobre las sombras, porque estás enojada y se te nota en el aire que expulsas de tus pulmones. Estás enojada y es perfecto. Si la madre tierra puede escupir su ira a través de un volcán en erupción, por qué no habrías de tener derecho a enfadarte y soltar tu propio río de lava ardiente. La naturaleza es sabia, y no te ha dado todo ese magma para que te lo guardes. Por tanto, comencemos por asumir esa rabia incandescente que te recorre por dentro, que busca abrirse paso entre tus grietas para fluir montaña abajo y no hacerte estallar en mil pedazos. Hoy eres un volcán a punto de tronar.

  • Piedras
    Cuentos Cortos

    El brujito y las piedras

    Caminé casi sin rumbo entre la muchedumbre. Mi mirada turbia se detenía de vez en cuando en alguno de los puestos de artesanos organizados a ambos lados del camino, al pie del cerro Uritorco. Una suave música recorría el aire serrano… y en sociedad con el refrescante ronronear del río, que marcaba su paso entre las piedras, le daban un tinte místico al lugar. Era uno de esos sitios donde cierta magia sobrevuela, invitándote a conectar con el universo. Donde la brisa desparrama armonía de tal forma que podemos atrapar una buena dosis de un solo puñado. Pero ni todas las dosis de esa montaña hubieran podido con el enredo que dominaba a mi alma esa tarde. Imagino que saben lo que pesa un corazón roto, o el ruido tremendo que hace el vacío, o el sabor amargo que tiene la rabia. Quién no se ha dejado inundar alguna vez por cualquiera de las emociones que nacen del miedo. Quién no se ha sentido vencido cuando otro día muere sin haber armado el rompecabezas de su vida. Quizás no era la única que caminaba perdida aquella tarde a orillas del Calabalumba, sedienta de alguna gota de esa magia que prometía el aire. Pero el muro de mi enojo era a prueba de esperanzas.

    Sin darme cuenta, me había detenido hacía varios minutos frente al puesto de un brujito. Comencé a observar lo que mis ojos habían estado mirando sin mirar. Sobre una precaria mesa cubierta con un paño color índigo, habían dispuestas siete piedras de diferentes colores junto a un saco de tela gris. Una mano arrugada las tomó y las guardó dentro del saco, y entonces me percaté de la presencia del brujito. Era un hombre bastante mayor, con un cabello blanco bastante desordenado y una incipiente barba bastante desprolija del mismo color. Me miró y extendió hacia mí la mano acercando la bolsa, y me dijo:

  • Sombras
    Cuestiones

    Valiente

    No lloro porque soy débil. Lloro porque soy más fuerte que débil. Porque necesito drenar los sentimientos que mi garganta traga cuando debo empujar con el alma. Porque cada paso firme que doy pisa mis temores bajo su suela. Porque me guardo en el bolsillo la inseguridad sintiendo cómo revolotea, como si hubiera encerrado a una mariposa que aletea incesantemente sobre las paredes de mi conciencia. Esas noches donde los días de trinchera pesan, con lunas interminables y un desfile de cuestiones en la pasarela de la mente… son noches que no son fáciles si no dejo fluir las lágrimas. No es tan difícil ser fuerte, poner mirada de acero y avanzar como si dominara el viento que golpea mi frente. Lo verdaderamente difícil es luego mirarme al espejo y asumir que es preciso llorar.

  • Castillo
    Cuestiones

    Si los miedos no fueran barreras

    A lo largo de los años he ido construyendo mi mundo como si fuera un castillo. Tiene torres en sus esquinas levantadas ladrillo a ladrillo sobre mis experiencias más sustanciales. Los muros se han ido engrosando al tiempo que aprendí sobre mis límites y, no voy a negarlo, alguna que otra decepción les ha agregado unos metros de altura. Los pasillos del castillo son amplios, pensados para que pueda recorrerlo cómodamente rincón a rincón, con fácil acceso a las habitaciones de mi alma, las cuales estoy redecorando. Me lo he pasado últimamente abriendo viejos baúles de creencias, reciclando historias y descartando viejos trajes de mi ego que ya no me sirven. Todavía hay espacios con cierta oscuridad, pero tengo siempre a mano una lámpara de conciencia que me he decidido a encender cuando una simple mirada no alcance para comprender. Y también he diseñado unas grandiosas puertas que puedo abrir de par en par cuando me visitan personas que saben apreciar mi castillo, o mejor aún, que me ayudan a redescubrirlo. Me siento a gusto y segura aquí, cada día más. Tanto que en los atardeceres me complace tomar una taza de té observando la noche llegar por mis vastos ventanales. Y allí, en ese instante, es cuando los veo.

  • Mujer
    Anécdotas

    Lo siento, perdón, gracias, te amo

    Desperté apenas amanecía, con el primer esbozo de claridad que se trepó a mi balcón, y aún así había sido una noche larga. Los ecos de las balas que habían llovido sobre mi ego, las imágenes difusas de las cadenas del pasado y ese olor fresco a decepción… se mezclaban y daban vida a un solo fantasma que se sentaba al mismo tiempo que yo en el desorden revuelto de mi cama. Lo contemplé como se puede contemplar al desastre después de un huracán, rendida. Y entonces fui por ella. La busqué por las habitaciones, atravesando pilas de ropa de batalla y tazas vacías de té que resultaron no ser mágicas. Aparté de mi camino los escombros de lo que había sido mi zona de confort, la cueva donde me había escondido desde mi infancia, observando cómo todavía echaban humo los miedos que habían sido sus andamios. La casa era un caos, como lo era la vida, como lo era mi alma.

    Y allí la encontré, de pronto parada frente a mí, con los ojos nublados y desconfianza en sus pupilas, con la frente vencida y los labios secos por tantas palabras que no fueron oídas. Nos miramos en silencio, con una comprensión tan vasta como el océano. Pude advertir cómo la tormenta también había desordenado su pelo, y cómo su suspiro era una bandera blanca de rendición. Entonces sentí un deseo irrefrenable de romper el silencio, le sostuve la mirada y las palabras brotaron como si dentro mío existiera un manantial que desconocía. Y le dije…: