Cuentos Cortos,  Cuestiones

Mujer Libre

«Cuando una mujer toma la decisión de abandonar el sufrimiento, la mentira y la sumisión, cuando una mujer dice desde el fondo de su corazón «basta, hasta aquí he llegado», ni mil ejércitos de ego ni todas las trampas de la ilusión podrán detenerla en la búsqueda de su propia verdad.»

«Mujeres que corren con los lobos» – Clarissa Pinkola Estés

Iba la Mujer recorriendo plácidamente los senderos del Bosque de la Creación, libre de ropas y de pensamientos, observando una y otra maravilla de esa obra maestra llamada «mundo». A su paso se detenía alguna que otra vez para sentir la textura de las hojas verdes de las plantas más exóticas, o para ofrecer su mano a las mariposas que buscaban posarse un instante. Su soledad no era absoluta: le pisaba los pasos el Universo, cual nube hecha de pequeñas luciérnagas que acompañaban su andar. El Universo la observaba mientras avanzaba junto a ella, a su ritmo, en perfecta sincronicidad. La Mujer no estaba en el Bosque de la Creación por pura casualidad… había aparecido allí para elegir sus cualidades, aquellas que la nutrirían como ser y que definirían su modo particular de transitar por la vida. La Mujer se crearía a sí misma, y el Universo no podía estar ajeno a uno de los actos creativos más trascendentes y maravillosos de todos los tiempos.

La Mujer y el Universo llegaron a un claro en el Bosque, y se detuvieron como si hubieran arribado a destino. El Universo le señaló un magnífico salto de agua compuesto por cinco cascadas. Cada una de las cascadas representaba una virtud, y al beber de ellas la Mujer haría suya cada una de esas virtudes. El fresco e ininterrumpido fluir de las aguas se conjugaba con la musicalidad de su sonido, vertiéndose de manera armoniosa en un río que avanzaba hacia alguna parte del Bosque y, quién sabe, tal vez fuera de él.

La Mujer se acercó a la primera cascada, recolectó una buena dosis de agua en sus manos y bebió. Entonces, el Universo habló. «Has bebido de la cascada de la templanza. Esta cualidad te abrirá las puertas del equilibrio y la ecuanimidad, de la prudencia y la justicia. Te permitirá conectar con tus emociones sin que ellas te sobrepasen y dominen tu voluntad. Podrás recurrir a la templanza en épocas de tempestad, cuando los vientos azoten y amenacen con derribarte, cuando la tierra tiemble bajo tus pies o el cielo se oscurezca. Allí estará la templanza regalándote firmeza y serenidad, sabiduría para no desbordarte y responsabilidad para encauzarte otra vez en los senderos de la vida. Usa la templanza tantas veces como puedas, conviértela en tu modo de vivir, pues ella será esa parte tuya que te protegerá muchas veces de caer en los acantilados del sufrimiento y te mostrará el camino de regreso a la paz.»

Con total naturalidad, la Mujer continuó su ritual con la segunda cascada, mientras sonaban como ecos las palabras del Universo. «Esta cascada te dará la virtud de la fuerza, y lo hará de una manera particular. No serás consciente de tu fuerza hasta el momento de usarla, y en ese instante brotará sin explicación desde dentro de tus entrañas. Te asombrarás de tu fortaleza luego de conocerla, será como descubrir un poder infinito. Y una vez lo hagas, nada podrá detenerte en el mundo. Sabrás que eres capaz de lograr lo que te propongas. Sabrás que eres tan fuerte como para atravesar las peores tormentas y salir más grande aún de ellas. Esta fuerza te alimentará y te hará crecer, te ayudará a dejar atrás terrenos áridos y trepar a nuevos horizontes. Será el motor para superar cualquier obstáculo. Será tu combustible para afrontar retos y adversidades. Y mejor que todo, la fuerza se convertirá en una de las irrefutables razones para creer en ti misma.»

La tercera cascada hizo suspirar al Universo, ya que era una de sus favoritas. «La belleza. Qué virtud tan especial. Serás belleza y verás a través de los ojos de la belleza. Descubrirás lo perfecto en cada imperfección, descubrirás que eres imperfectamente bella. Tendrás la virtud de reconocer la belleza en cada ser, en cada instante, en cada experiencia. Se encenderán en ti la sensibilidad y la empatía, el erotismo y la pasión, el arte y el placer. Podrás sentir el amor en su máximo esplendor. Serás amor. Déjate extasiar por la belleza de una flor, de un colibrí, del sol poniéndose en el ocaso. Déjate inundar por la belleza de una mirada, de una carcajada, y de la esencia que flota subyacente entre miradas y carcajadas. Déjate conducir por la bondad de la belleza, y conocerás lo sublime de la existencia.»

Día de la Mujer
Fuente de la Imagen: Pixabay.

La cuarta vez que la Mujer bebió del agua reunida entre sus manos fue de la cascada de la intuición. «Es la voz interior que te guiará siempre. Es de una sabiduría infinita, porque proviene de las profundidades de tu ser. Para oírla será necesario acallar los pensamientos, y es muy importante no confundirla con la voz del miedo. Será la voz que te hable de lo verdadero, de lo auténtico, de lo genuino acerca del mundo que te rodea, y también acerca de ti misma. No temas escucharla. Te dirá dónde sí y dónde no. Será tu radar y tu faro, y te hará saber sobre aquello que encaja con tu ser, y aquello que es mejor dejar atrás en el camino.»

Al beber la Mujer de la quinta cascada, el Universo sonrió travieso. «Te has hecho dueña de una pequeña dosis de locura. No te asustes, un toque de locura es necesario para lanzarse al mundo. Esta poción te hará intrépida acerca de tus propios límites, te hará desafiar los imposibles y soñar en grande. Y mejor aún, te dará ese empujoncito hacia la aventura, hacia lo desconocido, aceptando riesgos que desde la total cordura no serían lógicos. Un toque de locura volverá tus días llenos de chispa y tus noches plenas de encanto. Será el condimento justo para darle ese sabor a los sueños que los hace tan tentadores. Sólo quien está un poco loco puede atreverse a las hazañas, sólo un poco loca puedes osar tocar el cielo con las manos.»

Una vez que la Mujer se dejó inundar por las virtudes de cada una de las cascadas, se sentó a orillas del río con una tibia sonrisa en los labios y el rostro sereno. Entonces el Universo le señaló dulcemente el agua que corría entre las piedras a sus pies. «Ninguna de las cualidades que acabas de guardar en tu corazón será visible para ti si no bebes de este río. Para moverte desde la templanza, deberás ser libre de toda desmesura. Para que emane tu fuerza y tu coraje, deberás ser libre de los efectos de tus emociones. No podrás contemplar la belleza si te aferras a los rencores, ni podrás oír la voz de tu intuición si eres esclava de tus pensamientos. Cómo podría funcionar esa dosis de locura siendo presa de los límites y del miedo. Aquí corre el agua de la libertad. Este río fluye libremente adonde sea que quiera ir, y lleva consigo todas aquellas virtudes. Sin la libertad, cualquier virtud quedaría estancada y truncada, frustrada en su intento de ser. Por eso, te invito a que bebas de este río el agua de la libertad, para que seas libre y puedas fluir como él. Libre de miedos, de límites, de condiciones. Libre de cadenas que quieran retenerte y de voces que quieran silenciarte. Libre de ser quien desees ser y llegar adonde desees llegar. Diga lo que diga después el mundo, pase lo que pase, sólo te hará falta cerrar los ojos para recordar que eres libre…»

 

Y este cuento no tiene final… porque te toca escribirlo a ti. Cuéntame, quisiera saber… finalmente, bebiste del río de la libertad?

 

 

 

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