Cuestiones

Metamorfosis

Suelo estar transformándome. Algo así como la oruga cuando se transforma en mariposa, deja su capullo y se echa a volar. Pero más profundo aún que eso, de un modo interminable, ya que siempre puedo estar transformándome. Cada paso que doy, cada relación que tengo, cada experiencia vivida a lo largo de los años, han sido las manos de la vida tallándome a la medida de mi ser. O quizás fueron mis propias manos las que eligieron tomar el cincel, buscando saber quién soy en realidad, buscando conocerme más allá de la imagen que me devolvía el espejo todos los días. Y esta metamorfosis no es más que ir desprendiéndome de mis capas, bajar peldaño a peldaño hacia mi ser más hondo y hallarme cara a cara conmigo misma. ¿Descubrirme, tal vez? Puede ser. Probablemente venimos al mundo a descubrirnos a nosotros mismos, a bucear en ese mar que es la vida explorando entre los fracasos y los éxitos, entre las posibilidades y los imposibles, para darnos cuenta hasta dónde somos capaces de llegar, pero más que todo… quiénes creemos que somos y quiénes somos en realidad.

No soy la misma que era ayer. Ni hablar de la que era hace años. He volado por cielos y he paseado por infiernos. Muchas veces hubo luz y claridad, paz y armonía, y tantas otras veces la oscuridad se adueñó de mis días. A veces he sido valiente y me he animado a conocer mi propia oscuridad… esos rincones en penumbras que tiene el alma a la vuelta de la esquina, donde acostumbramos a esconder lo que nos duele, lo que no tenemos ganas de aceptar, aquello de lo que huimos o eso que nos molesta de nosotros mismos. Y aunque no ha terminado este camino aún, porque es seguro que me queden muchos cielos e infiernos por visitar, y más rincones oscuros que iluminar en mí misma, lo cierto es que todo este recorrido me ha traído hasta aquí. Y la que hoy está aquí, tipeando estas letras, no es la misma de ayer. La que hoy está aquí sabe que se está transformando, que se está descubriendo, y que lo va a hacer cada veinticuatro horas hasta que llegue el día de partir. La que hoy está aquí sabe que puede elegir salir del capullo tantas veces como quiera, arriesgarse a hacer algo diferente, a ser alguien diferente de la que cree que es.

Alguna vez has hecho algo diferente. Alguna vez te has arriesgado, has experimentado la adrenalina, has cambiado tu historia o la de alguien más. Y dime, ¿qué sentiste? ¿Sentiste que eras alguien diferente por haberlo hecho? ¿O sentiste que lo habías logrado porque en tu ser más hondo ya eres diferente? Déjame decirte que ya eres alguien diferente. Ya tienes en lo inmenso de tu ser todo lo que necesitas para llegar adonde quieras, para cambiar esa historia que te cuentas día tras día y nunca te conforma, para sentirte del modo en que te gusta sentirte. Eres como una caja de Pandora, con aspectos que te sorprenderían de ti mismo. Eres como un museo a oscuras, con infinidad de arte dentro que aún no puedes ver. Tan sólo si encendieras la luz, si te animaras a abrir esa caja de Pandora y te dejaras sorprender por ti mismo… Porque eso que sientes cuando logras algo importante para ti, eso que sientes respecto de ti mismo, siempre existió dentro tuyo. ¿Sentiste que fuiste valiente? Entonces siempre puedes decidir ser valiente. ¿Sentiste que eres capaz? Siempre puedes ser capaz, es cuestión de elegirlo. La transformación, en realidad, no es en tu ser… porque toda esa riqueza ya existe allí. La verdadera metamorfosis está en tu forma de ser: en lo que sacas a la luz de lo que ya eres, en lo que tomas del mundo para aprender, en el modo en que piensas acerca de ti mismo, en lo que haces con tus miedos y tus límites, en lo que eliges para tu vida.

Fuente de la Imagen: Pixabay.

Lo sé, me ha pasado. Es bastante perturbadora esa sensación del miedo avanzando sobre tus pensamientos y haciendo tambalear toda idea de metamorfosis. Cuando suena esa voz advirtiendo que es mejor quedarse en la cueva, que es muy arriesgado salir del capullo, no es otra que la voz del miedo diciéndote que podrías disfrutar por siempre de una vida cómodamente instalada en eso en que te sientes atrapado, a disgusto, inconforme, resignado. Cuéntale a tu miedo lo que en verdad quieres, y entonces se hará pequeño y se volverá tu aliado, ayudándote a mantenerte alerta pero sin interrumpir tus pasos. Hay miedos que te servirán de escudo frente a ciertos peligros, pero los hay aquellos que sólo te retienen en la zona de confort… y no es eso lo que quieres, no desde el fondo de tu ser… ¿verdad?

Tu ser, el mío, el de todos, siempre está esperando emerger de entre las sombras del miedo y de los límites que nosotros mismos nos creamos. Los fracasos, las decepciones, la resignación y el temor no son más que barreras autoimpuestas por la mente cuando elegimos ver la vida desde ese lado del cristal. Pero tenemos otra opción: dar vuelta ese cristal. Elegir observar desde el lado amable y constructivo, desde el lado de la posibilidad. Aceptar sin resignarnos, transitar desde lo que es a lo que queremos que sea, eligiendo ver los tropiezos como la oportunidad de aprender una nueva forma de ponernos de pie.

Si enciendes la luz y puedes ver dentro de ti mismo, verás que ya tienes todo lo necesario. No hace falta nada más, todo está en ti desde que naciste. Sólo falta que eches mano de tu propio poder. Sólo hay que darle la vuelta al cristal. Puedes ser valiente, creativo, audaz, resiliente. Puedes ser quien necesites ser para alcanzar aquella cima que hoy ves como un horizonte tan lejano. Y es absolutamente posible si lo crees así. Inténtalo, despréndete de tus capas, hazte libre de tus barreras. Cambia tu historia, esa historia que te cuentas. Transforma tu forma de verte, de pensarte, de quererte, y serás esa persona que estás destinada a ser desde el principio de los tiempos. Te lo cuenta alguien que respira aires de metamorfosis…

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