Sonreír
Cuestiones

La Chispa (Parte II): Cómo reconocerla.

¿Eres feliz, o sólo sonríes..? Me encontré una tarde con este interrogante en la pantalla de mi teléfono móvil, entre tantas frases con y sin sentido que se publican a diario en las redes sociales. Tremenda pregunta. Obliga a detenernos y escuchar qué tiene para decir el corazón. ¿Eres feliz… o sólo sonríes? ¿Cuántas almas cruzaste hoy en la calle o en la oficina que sólo sonríen? ¿Es, quizás, una de esas almas la que viste esta mañana frente al espejo? Probablemente. Y es que todos tenemos días en que sólo sonreímos, de lo contrario… no podríamos saber cuándo nos sentimos felices. La cuestión aquí se trata de cuántas mañanas de nuestras vidas llevamos puesta esa máscara agradable, cuántas tardes de nuestra existencia dibujamos en nuestro rostro una vacía expresión de satisfacción, cuántas noches de nuestra estancia en este mundo acumulamos fingiendo felicidad. Es tan delgada la línea que separa un camino de otro, que no nos damos cuenta en qué momento construimos este gran palacio que, muy en el fondo, no nos complace. Sólo basta mirar a tu alrededor. Hay cosas que no encajan. Tu empleo… te apasiona? Tu pareja… es amor de verdad? Tu familia… es la familia soñada? Tus amigos… te dan amistad real? Tus sueños… llegaste a cumplirlos?

Una segunda pregunta interesante sería ¿por qué sólo sonreír, y no ser feliz? Y entonces abrimos un abanico de cuestiones. Por qué no un trabajo que apasione, un amor de esos verdaderos, una familia que sea un hogar en sí misma, unos cuantos o unos pocos amigos que honren la amistad. Por qué no hacer realidad esos sueños que dejaste colgados en el perchero de tu infancia o de tu juventud. ¿Qué te detiene? Viniste al mundo para eso, y por muchas distracciones que te hayan hecho perder la perspectiva, algo en lo profundo de tu alma te lo pide, a gritos o silenciosamente, todos los días. Porque cada día que se inicia es una nueva oportunidad, y lo maravilloso de la vida es que está llena de momentos en tiempo presente. Definitivamente, el presente no se agota. Es siempre una puerta abierta, esperando que te animes a salir. Y precisamente, cuando la oscuridad acecha o el cielo parece aplastarnos, cuando todas las otras puertas se cierran y nos sentimos acorralados, es el momento de salir. Es el momento de encontrar la chispa que nos apague esta sonrisa a medias y nos encienda aquella que nace del alma.

Te animás? No es tan difícil… el primer paso consta de una simple decisión. Decidir que desde hoy apagarás todas esas voces de afuera que te dicen lo que hay que hacer y lo que no, lo que está bien sentir y lo que no, lo que es correcto y lo que es un error. Es necesario que hagamos silencio para escuchar tu voz interior… ¿cómo hacerlo, si no, en medio de tanto ruido? Crecimos coleccionando expectativas de nuestros padres, de nuestros maestros, de la sociedad inundada de reglas. Tantos dedos señalando supuestos caminos ejemplares, pero que de tantos que son se terminaron enredando y al final… no sabemos a dónde estamos yendo ni por qué terminamos en esta ruta. Es momento de enmudecer tantos mandatos que, muy probablemente, no tengan nada que ver con lo que tu alma desea. Hay una voz más importante esperando ser escuchada: la tuya.

Ahora que hicimos silencio, podemos cerrar los ojos y mirar hacia adentro, sin que el exterior nos confunda. Más que mirar, diría sentir hacia adentro. Ah sí… vas a descubrir mucho si estás concentrado. Puede haber más de una chispa danzando en tu pecho para que la adviertas. También vas a encontrar alguna cicatriz que aún duela, o cuentas pendientes del pasado. Pero hoy sólo pensaremos en la chispa. Por supuesto que puede ser fácil o difícil que la reconozcas, y eso dependerá de tu resistencia. No te resistas y ella se revelará.

Se dejará sentir, por ejemplo, cuando te veas en ese trabajo en el que se te van las horas como suspiros, que no se parece en nada al sacrificio que te inculcaron desde niño, por el contrario… es un pleno disfrute porque es tu esencia la que se pone en marcha. Es esa chispa que te haría saltar de la cama al comenzar el día porque te emociona sólo pensar lo que estás por hacer, o crear, o construir. Es la chispa que tus manos traen impresa para que le entregues al mundo esa parte tuya.

Vas a reconocer la chispa en el amor cuando no sientas miedos, apegos o necesidad. Cuando el nivel de toxicidad sea cero, algo a lo que no solemos estar acostumbrados. Cuando no sea preciso forzar ninguna emoción, ni intentar que fluya algo, porque fluirá por sí misma desde el centro de tu estómago, invadiéndote el pecho y subiendo por tu garganta hasta explotar en una sonrisa auténtica. Cuando no esperes nada más que el goce de lo que es y lo que existe. Cuando no tengas preguntas porque ya lo sabés todo, aunque ni siquiera puedas explicarlo.

Encontrarás la chispa en esos pequeños gestos de tus seres queridos, gestos que se harán inmensos cuando te percates de lo mucho que sintonizan con esa chispa. Las carcajadas de tu hijo serán más importantes que el desorden de su habitación. Un momento de complicidad con tu madre reemplazará años de distancia. Unas palabras de amor escritas de puño y letra de tu padre llenarán vacíos de ausencias. Y la chispa te hablará también de amistades sinceras y transparentes cuando estés frente a esos compañeros de vida que ven más allá de tus triunfos y fracasos.

Feliz
Fuente de la Imagen: Pixabay.

Y qué hay de esos sueños que hace tiempo tenías… ¿Qué es lo que deseabas? ¿Viajar, bailar, cantar? ¿Subir una montaña? ¿Escribir un libro? ¿Tener una casa frente a la playa? Ahí estará la chispa resplandeciendo dentro tuyo cuando pienses en ello. Insistiendo en que de verdad merecés que dejen de ser solamente sueños. Y no te preocupes, que dicen que cuando se desea algo desde el corazón, el universo conspira a tu favor.

¿Te das cuenta cómo se siente? Una palabra acertada podría ser «plenitud». Otra podría ser «libertad»… Podrías sentir esto más mañanas, tardes y noches de las que estás acostumbrado. Podrías ser feliz, además de sonreír. ¿Por qué no? ¿O acaso estás seguro de que tendrás otra vida para hacer todo lo que no hiciste? Cómo pensar en otra vida, si ni siquiera el futuro existe. Sólo este presente, que nace y muere para dar vida a otro presente, siempre abriéndote la puerta para eso que estás anhelando. Entonces, sólo hace falta un paso más, y es otra vez una decisión: la de cruzar esa puerta. Volver la chispa en llama, dejarla ser. A eso viniste al mundo, no lo olvides… y no te distraigas.

 

Anna Aguilar

 

 

 

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