Ira
Cuestiones

Enojada

Siguiendo los sabios consejos del brujito, te decidiste a mirar la primera piedra que en orden jerárquico estorba en tu camino. La más pesada y afilada, el enojo. Ah sí, estás enojada, y sobran motivos para estarlo. Así que por hoy vamos a posponer el asunto del perdón y la promesa de dejar atrás el pasado, y vamos a observar detenidamente este escollo importante que se te atraviesa en la garganta. Ya vendrá el tiempo de redimir.  Ya soplarán los aires de libertad cuando las cadenas del rencor se desvanezcan y dejen de anclarte en un presente a medio ser… porque las dos sabemos que tu «ahora» está muy lleno del «ayer». Pero mientras tanto es necesario echar un poco de luz sobre las sombras, porque estás enojada y se te nota en el aire que expulsas de tus pulmones. Estás enojada y es perfecto. Si la madre tierra puede escupir su ira a través de un volcán en erupción, por qué no habrías de tener derecho a enfadarte y soltar tu propio río de lava ardiente. La naturaleza es sabia, y no te ha dado todo ese magma para que te lo guardes. Por tanto, comencemos por asumir esa rabia incandescente que te recorre por dentro, que busca abrirse paso entre tus grietas para fluir montaña abajo y no hacerte estallar en mil pedazos. Hoy eres un volcán a punto de tronar.

Te das cuenta cómo sólo hace falta un simple permiso para que la furia se desparrame por tu cuerpo. Nace en el centro de tu estómago y rápidamente contamina tu sangre, impregnando cada célula, cada órgano, cada músculo. Desde la punta de tus pies hasta la punta de tus cabellos, toda tu humanidad se hace eco de esta sensación de querer empujar lo injusto afuera de tu mundo. Tu mandíbula se tensa y tu mirada se endurece, y pareciera que respirar fuera una cuestión de traer oxígeno a un corazón que se ahoga en cólera. Tus ojos podrían ser filosas espadas capaces de abrir una herida. Tus puños podrían ser duras rocas capaces de asestar un golpe exacto, justo en el vientre de tu almohada y de los fantasmas que han osado lastimarte. Todo tu ser se reúne en una expresión de desprecio y repudio, y quisieras sacudirte el asco como si fuera polvo que te aja la piel. Hay un grito amarrado a tus cuerdas vocales que necesitas soltar, como el dragón cuando escupe su fuego para que no queme su garganta. Sientes una latente necesidad de atacar. Te das cuenta que podrías hacer daño, que tienes poder para herir, que el veneno se ha mezclado en tu sangre y que necesitas drenarlo. Que podrías desatarte en tempestad y arrasar con eso que aborreces. Derribar lo detestable, como un alud que a su paso furioso derriba bosques y los entierra.

Estás en el umbral de tus partes más oscuras, esas partes que solemos temer porque creemos que nos vuelven horribles. Pero eso no es cierto. Sigues siendo hermosa, como esas tormentas que explotan en relámpagos y se derraman en torrenciales aguas, limpiando la ira contenida en el cielo. Sigues siendo hermosa como el viento que ruge sacudiendo las copas de los árboles y llevándose consigo las ramas inútiles del pasado. No dejas de ser un paraíso por tener un infierno. Y hay ocasiones en que se hace necesario sacar a pasear tus demonios, porque si los dejas encerrados podrían destruirte. Estás en el umbral de tu oscuridad, entra. Ábrete paso entre tus propias espinas, sin temor a sentir cómo te raspan. Mírate al espejo y descubre ese volcán. Deja que la tierra tiemble y el horizonte se haga noche, que las luces parpadeen en cortocircuito y desborden su electricidad.  Permite que la paz duerma a un costado mientras reina el huracán, porque la paz no podrá llegar nunca si el huracán no termina de pasar.

Fuente de la Imagen: Pixabay.

Tu enojo no será eterno, también pasará, como las tormentas y los huracanes, o como la erupción de un volcán. Simplemente porque no eres enojo, no estás hecha de ira ni tu naturaleza es odiar. No es tu ser, es una poderosa emoción que atraviesa tu ser. Pero no existen atajos para deshacerte de ella, primero tendrás que sentirla, palparla, respirarla. Ver cómo cobra vida a través de tu cuerpo, cómo se hace lágrimas a través de tus ojos y cómo se vuelve sonido a través de tu voz.  Hay que hacer sitio para la calma, y toda esa furia ocupa un lugar precioso en tu alma… es necesario que le permitas ser, y le permitas irse. Puede ser que luego te sientas abatida y cansada, que sólo te sobren algunas gotas de energía para dar el siguiente paso. Pero no te preocupes, eso también pasará. Tu fuerza renacerá porque es un mágico combustible que se multiplica, que se nutre de la misma esencia de la que estás hecha, y por eso es infinito. Por eso siempre puedes ponerte de pie y seguir adelante. Así como este día sientes el enojo fluir por tu cuerpo, mañana será el ímpetu el que te inunde desde los huesos hasta la mirada. Ese viento que hoy ruge mañana será una tibia brisa, y tu pelo danzará junto a ella bajo un cielo de estrellas nuevas. Mañana todo estará bien, y también será perfecto. Tan perfecto como lo que sientes hoy. Así que adelante, respira profundo y acepta… claro que sí, estás enojada.

 

Anna Aguilar

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