• Cuestiones

    La chispa

     

    Luces
    Fuente de la Imagen: Pixabay.

    Mucho se habla de aquello que deberíamos sacar de nuestra vida: personas tóxicas, trabajos que no nos satisfacen, rencores, rutinas insalubres, hábitos destructivos, creencias obsoletas… La lista es larga. Y pareciera que esto se trata sólo de escarbar en lo que nos ata o entorpece nuestro camino, y vaciarnos de ello. Pero el universo es equilibrio, y como tal siempre debe haber algo del otro lado de la balanza. Qué hay de aquello de lo que nos deberíamos llenar? Cómo darnos cuenta que se trata de algo que nos nutre verdaderamente y no es sólo un aspecto efímero y superficial de la realidad?

    Yo reduzco toda la clave a una sola palabra: la chispa. Pero no se trata de una chispa cualquiera. Nace del centro de nuestro ser. Hay muchos destellos de entusiasmo que solemos confundir con la chispa, y comprobamos luego con frustrante resignación cómo proceden a apagarse. Y eso que los había encendido… ya nos resulta insulso, deslucido. Ya no nos atrae. Nos damos cuenta porque las ganas desaparecen pronto, porque nos cuesta esfuerzo poner nuestra atención en ellos o sostenerlos. No ocurre lo mismo con la verdadera chispa.

  • Cuestiones

    La Inexorable Ley del Espejo

    Los espejos
    Fuente de la Imagen: Pixabay.

    En algún sitio he leído o escuchado que así como necesitamos indefectiblemente un espejo para observar nuestro rostro, así también nuestras almas precisan muchas veces algo, o alguien, que cumpla la función de reflejar aquello que no podemos ver por nosotros mismos. Nada más acertado que esta analogía. No quiere decir esto que no seamos capaces de conocernos por nosotros mismos, ni que tengamos menos desarrolladas las habilidades de percepción o la propia sensibilidad… claro que no. Esta cuestión es inherente al ser humano, y a las relaciones humanas. Tus ojos necesitarán un espejo para saber de tus labios, de tu nariz, de tu mirada, de la forma en que se frunce tu ceño cuando estás enojado o el color que toman tus mejillas cuando estás enamorado. Y tu alma necesitará un espejo para saber… para saber qué? Aquí vienen las grandes verdades. Por ejemplo, de dónde vienen tus miedos. Por ejemplo, qué es ese vacío que tantas veces has sentido. Por ejemplo, de qué estás escapando cuando te llenás de excusas, y por qué. Y muchas otras grandes verdades. Verdades incómodas, molestas, dolorosas. Que por incómodas las mandamos a dormir a un rincón y las sentenciamos con silencio para que no nos alboroten. Por molestas las esquivamos, o las disfrazamos de conflicto, o las pintamos de alguna culpa ajena. Y por dolorosas las ignoramos, porque sí… algunas duelen demasiado.

  • Escucharse a uno mismo
    Cuestiones

    ¿Qué estás sintiendo?

    ¿Cuántas veces reprimiste lo que sentías? No estoy hablando de sentir algo  y no haberlo expresado. Hablo de convencerte de que no lo sentías. Si estás convencido de no sentir algo, probablemente no te des cuenta a lo que me estoy refiriendo. O probablemente algo resuene dentro tuyo diciéndote “sí, aquí hay algo que no me he permitido sentir”. También puede haberte pasado que algún sentimiento o alguna emoción comenzó a brotar y automáticamente la anulaste para que no siguiera creciendo, para que no saliera a la superficie. Creés que la has matado y que no la sentirás más. Pero no es así, a mí también me ha pasado. Muy lejos de dejarse asesinar, ese sentimiento o esa emoción permanece latente, y se cuela por cada lugar que encuentra para hacerlo. Si lo que quisiste matar era la ira, entonces verás cómo cualquier nimiedad es capaz de encender tu enojo. Si lo que quisiste anular era el miedo, te darás cuenta cómo te encontrás paralizado en otras situaciones. A veces es tanto lo que decidimos ignorar lo que sentimos, que nos cuesta mucho relacionarlo con lo que sucede a consecuencia de ello. Y nos preguntamos una y otra vez por qué nos sucede tal o cual cosa.

  • Los límites
    Cuestiones

    Hacer lo correcto, o no

    Vamos por la vida intentando ser perfectos, intentando ser quienes debemos ser, como esperan los demás que seamos. Nacimos libres pero muy pronto estamos enredados en los deseos de los otros, embarrados en normas y prejuicios, condicionados por un sinfín de “deberías”.  Todo cuanto deseamos, pensamos o sentimos empieza a ser moldeado por lo que desean, piensan o sienten otros, y algo más triste sucede entonces, que nos acostumbramos a que esto ocurra.

    Una de las libertades que más coartadas tenemos es la de expresar lo que sentimos, y actuar de acuerdo a ello. Muchas veces lo que sentimos va en contra de lo que desean los otros, de lo esperado de nosotros, y es un peligro expresarlo porque estaríamos atentando contra nuestras relaciones. Y callamos. No queremos ofender a nadie. No queremos que dejen de amarnos. No queremos decepcionarlos. Hacemos “lo que hay que hacer”. Salimos corriendo a complacer a los otros pasando por encima de nuestro deseo y de lo que sentimos. Dejamos colgada en el perchero la voz de nuestra intuición. Preferimos ignorar nuestra voz interior. Es más importante actuar correctamente. Pero… “correctamente” para quién? 

  • Maestros de la Vida
    Cuestiones

    Los Maestros

    Tuve en lo que va de mi vida ciertos maestros, grandes maestros, que entre otras cosas llegaron a mí  para mostrarme quién yo era, quién soy. Claro que estas masters clases no fueron gratuitas. Cuando se necesita de esta especie de maestros, el precio suele ser elevado, aunque hoy puedo decir que lo vale. Cuando no pudimos aprender por nosotros mismos quiénes somos, cuando no supimos cómo mirarnos y reconocernos, cuando no encontramos el camino hacia adentro y sólo pudimos vivir hacia afuera, según el ritmo que nos toquen otros porque el nuestro se encuentra silenciado… entonces, como por arte de magia, aparecen los maestros. O quizás ya estaban, pero tampoco lo sabíamos. Muchos podrán pensar que el momento en que se presentan los maestros es aquel momento en donde estamos preparados para aprender… esto no lo sé. En realidad no lo creo, creo que todos los momentos son los indicados para aprender. Y creo que si ignoras a un maestro, vendrá otro, y otro, y otro… hasta que te decidas a abrir los ojos y los oídos. Pero cada vez el precio será más elevado, no a modo de castigo por no aprender, claro que no. El precio es directamente proporcional a la crudeza con que cada nuevo maestro debe mostrarte tu verdad para que la veas.