• Ira
    Cuestiones

    Enojada

    Siguiendo los sabios consejos del brujito, te decidiste a mirar la primera piedra que en orden jerárquico estorba en tu camino. La más pesada y afilada, el enojo. Ah sí, estás enojada, y sobran motivos para estarlo. Así que por hoy vamos a posponer el asunto del perdón y la promesa de dejar atrás el pasado, y vamos a observar detenidamente este escollo importante que se te atraviesa en la garganta. Ya vendrá el tiempo de redimir.  Ya soplarán los aires de libertad cuando las cadenas del rencor se desvanezcan y dejen de anclarte en un presente a medio ser… porque las dos sabemos que tu «ahora» está muy lleno del «ayer». Pero mientras tanto es necesario echar un poco de luz sobre las sombras, porque estás enojada y se te nota en el aire que expulsas de tus pulmones. Estás enojada y es perfecto. Si la madre tierra puede escupir su ira a través de un volcán en erupción, por qué no habrías de tener derecho a enfadarte y soltar tu propio río de lava ardiente. La naturaleza es sabia, y no te ha dado todo ese magma para que te lo guardes. Por tanto, comencemos por asumir esa rabia incandescente que te recorre por dentro, que busca abrirse paso entre tus grietas para fluir montaña abajo y no hacerte estallar en mil pedazos. Hoy eres un volcán a punto de tronar.

  • Sombras
    Cuestiones

    Valiente

    No lloro porque soy débil. Lloro porque soy más fuerte que débil. Porque necesito drenar los sentimientos que mi garganta traga cuando debo empujar con el alma. Porque cada paso firme que doy pisa mis temores bajo su suela. Porque me guardo en el bolsillo la inseguridad sintiendo cómo revolotea, como si hubiera encerrado a una mariposa que aletea incesantemente sobre las paredes de mi conciencia. Esas noches donde los días de trinchera pesan, con lunas interminables y un desfile de cuestiones en la pasarela de la mente… son noches que no son fáciles si no dejo fluir las lágrimas. No es tan difícil ser fuerte, poner mirada de acero y avanzar como si dominara el viento que golpea mi frente. Lo verdaderamente difícil es luego mirarme al espejo y asumir que es preciso llorar.

  • Castillo
    Cuestiones

    Si los miedos no fueran barreras

    A lo largo de los años he ido construyendo mi mundo como si fuera un castillo. Tiene torres en sus esquinas levantadas ladrillo a ladrillo sobre mis experiencias más sustanciales. Los muros se han ido engrosando al tiempo que aprendí sobre mis límites y, no voy a negarlo, alguna que otra decepción les ha agregado unos metros de altura. Los pasillos del castillo son amplios, pensados para que pueda recorrerlo cómodamente rincón a rincón, con fácil acceso a las habitaciones de mi alma, las cuales estoy redecorando. Me lo he pasado últimamente abriendo viejos baúles de creencias, reciclando historias y descartando viejos trajes de mi ego que ya no me sirven. Todavía hay espacios con cierta oscuridad, pero tengo siempre a mano una lámpara de conciencia que me he decidido a encender cuando una simple mirada no alcance para comprender. Y también he diseñado unas grandiosas puertas que puedo abrir de par en par cuando me visitan personas que saben apreciar mi castillo, o mejor aún, que me ayudan a redescubrirlo. Me siento a gusto y segura aquí, cada día más. Tanto que en los atardeceres me complace tomar una taza de té observando la noche llegar por mis vastos ventanales. Y allí, en ese instante, es cuando los veo.

  • Cuestiones

    La chispa

     

    Luces
    Fuente de la Imagen: Pixabay.

    Mucho se habla de aquello que deberíamos sacar de nuestra vida: personas tóxicas, trabajos que no nos satisfacen, rencores, rutinas insalubres, hábitos destructivos, creencias obsoletas… La lista es larga. Y pareciera que esto se trata sólo de escarbar en lo que nos ata o entorpece nuestro camino, y vaciarnos de ello. Pero el universo es equilibrio, y como tal siempre debe haber algo del otro lado de la balanza. Qué hay de aquello de lo que nos deberíamos llenar? Cómo darnos cuenta que se trata de algo que nos nutre verdaderamente y no es sólo un aspecto efímero y superficial de la realidad?

    Yo reduzco toda la clave a una sola palabra: la chispa. Pero no se trata de una chispa cualquiera. Nace del centro de nuestro ser. Hay muchos destellos de entusiasmo que solemos confundir con la chispa, y comprobamos luego con frustrante resignación cómo proceden a apagarse. Y eso que los había encendido… ya nos resulta insulso, deslucido. Ya no nos atrae. Nos damos cuenta porque las ganas desaparecen pronto, porque nos cuesta esfuerzo poner nuestra atención en ellos o sostenerlos. No ocurre lo mismo con la verdadera chispa.

  • Cuestiones

    La Inexorable Ley del Espejo

    Los espejos
    Fuente de la Imagen: Pixabay.

    En algún sitio he leído o escuchado que así como necesitamos indefectiblemente un espejo para observar nuestro rostro, así también nuestras almas precisan muchas veces algo, o alguien, que cumpla la función de reflejar aquello que no podemos ver por nosotros mismos. Nada más acertado que esta analogía. No quiere decir esto que no seamos capaces de conocernos por nosotros mismos, ni que tengamos menos desarrolladas las habilidades de percepción o la propia sensibilidad… claro que no. Esta cuestión es inherente al ser humano, y a las relaciones humanas. Tus ojos necesitarán un espejo para saber de tus labios, de tu nariz, de tu mirada, de la forma en que se frunce tu ceño cuando estás enojado o el color que toman tus mejillas cuando estás enamorado. Y tu alma necesitará un espejo para saber… para saber qué? Aquí vienen las grandes verdades. Por ejemplo, de dónde vienen tus miedos. Por ejemplo, qué es ese vacío que tantas veces has sentido. Por ejemplo, de qué estás escapando cuando te llenás de excusas, y por qué. Y muchas otras grandes verdades. Verdades incómodas, molestas, dolorosas. Que por incómodas las mandamos a dormir a un rincón y las sentenciamos con silencio para que no nos alboroten. Por molestas las esquivamos, o las disfrazamos de conflicto, o las pintamos de alguna culpa ajena. Y por dolorosas las ignoramos, porque sí… algunas duelen demasiado.

  • Escucharse a uno mismo
    Cuestiones

    ¿Qué estás sintiendo?

    ¿Cuántas veces reprimiste lo que sentías? No estoy hablando de sentir algo  y no haberlo expresado. Hablo de convencerte de que no lo sentías. Si estás convencido de no sentir algo, probablemente no te des cuenta a lo que me estoy refiriendo. O probablemente algo resuene dentro tuyo diciéndote “sí, aquí hay algo que no me he permitido sentir”. También puede haberte pasado que algún sentimiento o alguna emoción comenzó a brotar y automáticamente la anulaste para que no siguiera creciendo, para que no saliera a la superficie. Creés que la has matado y que no la sentirás más. Pero no es así, a mí también me ha pasado. Muy lejos de dejarse asesinar, ese sentimiento o esa emoción permanece latente, y se cuela por cada lugar que encuentra para hacerlo. Si lo que quisiste matar era la ira, entonces verás cómo cualquier nimiedad es capaz de encender tu enojo. Si lo que quisiste anular era el miedo, te darás cuenta cómo te encontrás paralizado en otras situaciones. A veces es tanto lo que decidimos ignorar lo que sentimos, que nos cuesta mucho relacionarlo con lo que sucede a consecuencia de ello. Y nos preguntamos una y otra vez por qué nos sucede tal o cual cosa.

  • Los límites
    Cuestiones

    Hacer lo correcto, o no

    Vamos por la vida intentando ser perfectos, intentando ser quienes debemos ser, como esperan los demás que seamos. Nacimos libres pero muy pronto estamos enredados en los deseos de los otros, embarrados en normas y prejuicios, condicionados por un sinfín de “deberías”.  Todo cuanto deseamos, pensamos o sentimos empieza a ser moldeado por lo que desean, piensan o sienten otros, y algo más triste sucede entonces, que nos acostumbramos a que esto ocurra.

    Una de las libertades que más coartadas tenemos es la de expresar lo que sentimos, y actuar de acuerdo a ello. Muchas veces lo que sentimos va en contra de lo que desean los otros, de lo esperado de nosotros, y es un peligro expresarlo porque estaríamos atentando contra nuestras relaciones. Y callamos. No queremos ofender a nadie. No queremos que dejen de amarnos. No queremos decepcionarlos. Hacemos “lo que hay que hacer”. Salimos corriendo a complacer a los otros pasando por encima de nuestro deseo y de lo que sentimos. Dejamos colgada en el perchero la voz de nuestra intuición. Preferimos ignorar nuestra voz interior. Es más importante actuar correctamente. Pero… “correctamente” para quién? 

  • Maestros de la Vida
    Cuestiones

    Los Maestros

    Tuve en lo que va de mi vida ciertos maestros, grandes maestros, que entre otras cosas llegaron a mí  para mostrarme quién yo era, quién soy. Claro que estas masters clases no fueron gratuitas. Cuando se necesita de esta especie de maestros, el precio suele ser elevado, aunque hoy puedo decir que lo vale. Cuando no pudimos aprender por nosotros mismos quiénes somos, cuando no supimos cómo mirarnos y reconocernos, cuando no encontramos el camino hacia adentro y sólo pudimos vivir hacia afuera, según el ritmo que nos toquen otros porque el nuestro se encuentra silenciado… entonces, como por arte de magia, aparecen los maestros. O quizás ya estaban, pero tampoco lo sabíamos. Muchos podrán pensar que el momento en que se presentan los maestros es aquel momento en donde estamos preparados para aprender… esto no lo sé. En realidad no lo creo, creo que todos los momentos son los indicados para aprender. Y creo que si ignoras a un maestro, vendrá otro, y otro, y otro… hasta que te decidas a abrir los ojos y los oídos. Pero cada vez el precio será más elevado, no a modo de castigo por no aprender, claro que no. El precio es directamente proporcional a la crudeza con que cada nuevo maestro debe mostrarte tu verdad para que la veas.