• Por qué no?
    Cuestiones

    Por qué no?

    Mi amigo me preguntó (en realidad, se preguntó a sí mismo) por qué su trabajo lo empuja a descuidar otros ámbitos de su vida. Y esta es una cuestión que, en mayor o menor medida, nos suele afectar a muchos en algún momento de nuestra existencia, cuando cierta esfera de nuestra cotidianeidad nos acapara una mayor concentración de atención y de energía que otras. Por ejemplo, puede ser también que te suceda que el ser mamá o papá implique en tu vida descuidar tu relación de pareja. O que ser esposa devenga en no tener una vida profesional o laboral como te hubiera gustado desarrollar. O que la familia te lleve tanto tiempo que no haya lugar en tus prioridades para cumplir tus sueños personales. Hay quienes se abocan demasiado a una vida social como para dedicar un espacio íntimo al amor, y hay aquellos para quienes hacer realidad sus sueños y metas trae aparejado renunciar a una vida familiar. La cuestión es… ¿se puede tenerlo todo? La pregunta sería: ¿por qué no?

  • Café
    Cuestiones

    Un café con mi miedo (El viejo miedoso Parte II)

    El farol que estaba justo frente a mi balcón parpadeaba cada tanto. Sostuve entre mis manos el tazón con café, permitiendo que el calor que traspasaba la cerámica entibiara mis palmas. Qué reconfortante es esa sensación en medio de la noche oscura y fresca. Te hace sentir a salvo, en pausa, como si tuviera el poder de detener el mundo por un instante para reacomodar mis fichas. Sabía que él estaba sentado en una esquina y me observaba desde hacía rato, esperando con una paciencia infinita el inminente momento de mis planteos, escuchando la voz escondida en mi silencio. Sabía que él estaba ahí, como había estado desde siempre, hablándome de mi inseguridad desde que era una niña. Él había envejecido a medida que yo fui creciendo, y se había alimentado de mis derrotas y vuelto más agrio con mis victorias, porque jamás había creído en mí. El viejo miedoso, la voz de mi propio miedo, estiró sus flacos brazos hacia la mesita de hierro para servirse café en una taza, y comenzó a saborearlo de a sorbos lentos.

    «No entiendo», le dije. «Me gusta mi vida, tengo sueños que voy haciendo realidad, amor, risas, amistad, pasión en lo que hago, proyectos e ilusiones, personas que iluminan mis días… Pero desde el momento en que te escucho todo empieza a ser como dices. Es como si la magia perdiera fuerza poco a poco y se dejara vencer por la decepción y la apatía. Y empiezo a ver otra realidad, más pesimista. Se me pierde un poco el rastro de mi pasión, y ya no sé si es mi intuición la que me habla o es tu voz queriendo apagarlo todo. Comienzo a detectar lo tóxico y lo falso como si fueran duendes que antes estaban escondidos debajo de la mesa. La duda aparece como bruma gris que filtra la luz y la vuelve opaca, y entonces me encuentro preguntándome qué era lo que me hacía sonreír y por qué se me fue de las manos. Me encuentro incierta, dejando escapar el sentido de los pasos que di, escéptica acerca de aquello que ayer me producía encanto. De pronto empiezo a convencerme de que tenías razón, aunque nunca hubiera deseado dártela. De repente todo empieza a ser como dijiste… pero lo curioso, lo que llama poderosamente mi atención, es que esto empieza a ocurrir cuando te escucho.»

  • Resucitar
    Cuestiones

    Sobre Semana Santa y Pascua…

    Confieso que en los últimos años no me he sentido muy religiosa… Y hasta me atrevo a decir que me he cuestionado ciertas creencias como estructuras rígidas de pensamiento que generalmente nos han sido impuestas desde pequeños, sin ahondar en aquellas historias casi mágicas que nos han contado para fabricar nuestra fe. Aunque admito que para el ser humano es necesario tener fe en algo, y aquello que te genere fe será un bastón en el que apoyarte para atravesar la dura selva de la vida y abrirte camino. Por tal es que he construido mis propias ideas acerca de la religión, intentando no juzgar a quienes se sostienen en las ideas heredadas o a quienes han construido otras propias diferentes. Más allá de lo que la historia o los legados bíblicos relaten, los creamos o no, existe una cuestión más profunda sobre el significado de estos días que vivimos. Sí, la semana santa y el domingo de Pascua. Muchos conmemoran el sacrificio de Cristo en la cruz y celebran su resurrección, y es común que no se consuma carne el día viernes, y que el domingo se asista a misa. Otros tantos podrán ir un poco más lejos, y dedicar algunos pensamientos a la reflexión sobre el perdón. Pero la cuestión aquí es que, si nos sinceramos con nosotros mismos, nos daremos cuenta que portamos en nuestras espaldas nuestra propia cruz. Qué digo una, quizás varias cruces, y probablemente alguna corona de espinas. Sucede que estas cruces no lastiman nuestra piel a simple vista ni nos hacen derramar sangre. No vemos nuestras manos y nuestros pies atravesados por los gruesos clavos que nos sujetan a ellas. Es que estas cruces son invisibles, pero te aseguro que su peso va encorvando terriblemente tu alma. La doblega, la silencia, y a veces hasta la enferma.

    No te asustes, es común. Quién en esta vida no lleva o ha llevado a cuestas su propia cruz. Es parte de aquello a lo que el ser humano está predestinado desde incluso antes de nacer. El verdadero problema se presenta cuando nos aferramos a esa cruz.

  • Sonreír
    Cuestiones

    La Chispa (Parte II): Cómo reconocerla.

    ¿Eres feliz, o sólo sonríes..? Me encontré una tarde con este interrogante en la pantalla de mi teléfono móvil, entre tantas frases con y sin sentido que se publican a diario en las redes sociales. Tremenda pregunta. Obliga a detenernos y escuchar qué tiene para decir el corazón. ¿Eres feliz… o sólo sonríes? ¿Cuántas almas cruzaste hoy en la calle o en la oficina que sólo sonríen? ¿Es, quizás, una de esas almas la que viste esta mañana frente al espejo? Probablemente. Y es que todos tenemos días en que sólo sonreímos, de lo contrario… no podríamos saber cuándo nos sentimos felices. La cuestión aquí se trata de cuántas mañanas de nuestras vidas llevamos puesta esa máscara agradable, cuántas tardes de nuestra existencia dibujamos en nuestro rostro una vacía expresión de satisfacción, cuántas noches de nuestra estancia en este mundo acumulamos fingiendo felicidad. Es tan delgada la línea que separa un camino de otro, que no nos damos cuenta en qué momento construimos este gran palacio que, muy en el fondo, no nos complace. Sólo basta mirar a tu alrededor. Hay cosas que no encajan. Tu empleo… te apasiona? Tu pareja… es amor de verdad? Tu familia… es la familia soñada? Tus amigos… te dan amistad real? Tus sueños… llegaste a cumplirlos?

    Una segunda pregunta interesante sería ¿por qué sólo sonreír, y no ser feliz? Y entonces abrimos un abanico de cuestiones.

  • Caos
    Cuestiones

    Un mundo complicado

    Cuántas veces intentamos comprender al mundo, plagado de injusticias y de odio tanto como de tesoros y de amor. Hemos observado esta maraña de historias y de emociones que van desde el blanco más puro hasta el negro más tenebroso. Muchas veces dudamos si sentirnos felices o desafortunados de pertenecer a esta enorme película, donde vemos las escenas más tiernas y las más crudas por el mismo canal. Hambre, paraísos, sangre, risas contagiosas, traiciones, sueños que se cumplen, codicia, bondad. Como si nuestra mente fuera capaz de integrar todos esos contrastes en un solo collage. Donde miren nuestros ojos hallarán lo barato y lo caro, lo superficial y lo profundo, puertas trancadas y caminos abiertos, dolor y libertad. Cómo comprender un mundo así. Cómo no sentirnos perdidos a veces, sin saber por dónde seguir. Y es que este mundo desordenado y hasta irónico me recuerda a mi propio mundo interior, y el mundo que cada uno lleva en su pecho, declarado soberano de este gran y pequeño imperio que cada ser humano es.

    Cuántas veces tampoco podemos comprendernos a nosotros mismos? Hay ocasiones en que ríes a carcajadas abiertas, sintiendo que pierdes peso y que te crecen alas inesperadas a los lados de tu cuerpo, y hasta te sientes flotar sin que tus pies se despeguen de la tierra. Y otras veces la rabia te abruma, el enojo te vuelve pesado, la tristeza te apaga y el silencio te envuelve. Y te miras al espejo y pareces otra persona.

  • Ira
    Cuestiones

    Enojada

    Siguiendo los sabios consejos del brujito, te decidiste a mirar la primera piedra que en orden jerárquico estorba en tu camino. La más pesada y afilada, el enojo. Ah sí, estás enojada, y sobran motivos para estarlo. Así que por hoy vamos a posponer el asunto del perdón y la promesa de dejar atrás el pasado, y vamos a observar detenidamente este escollo importante que se te atraviesa en la garganta. Ya vendrá el tiempo de redimir.  Ya soplarán los aires de libertad cuando las cadenas del rencor se desvanezcan y dejen de anclarte en un presente a medio ser… porque las dos sabemos que tu «ahora» está muy lleno del «ayer». Pero mientras tanto es necesario echar un poco de luz sobre las sombras, porque estás enojada y se te nota en el aire que expulsas de tus pulmones. Estás enojada y es perfecto. Si la madre tierra puede escupir su ira a través de un volcán en erupción, por qué no habrías de tener derecho a enfadarte y soltar tu propio río de lava ardiente. La naturaleza es sabia, y no te ha dado todo ese magma para que te lo guardes. Por tanto, comencemos por asumir esa rabia incandescente que te recorre por dentro, que busca abrirse paso entre tus grietas para fluir montaña abajo y no hacerte estallar en mil pedazos. Hoy eres un volcán a punto de tronar.

  • Sombras
    Cuestiones

    Valiente

    No lloro porque soy débil. Lloro porque soy más fuerte que débil. Porque necesito drenar los sentimientos que mi garganta traga cuando debo empujar con el alma. Porque cada paso firme que doy pisa mis temores bajo su suela. Porque me guardo en el bolsillo la inseguridad sintiendo cómo revolotea, como si hubiera encerrado a una mariposa que aletea incesantemente sobre las paredes de mi conciencia. Esas noches donde los días de trinchera pesan, con lunas interminables y un desfile de cuestiones en la pasarela de la mente… son noches que no son fáciles si no dejo fluir las lágrimas. No es tan difícil ser fuerte, poner mirada de acero y avanzar como si dominara el viento que golpea mi frente. Lo verdaderamente difícil es luego mirarme al espejo y asumir que es preciso llorar.

  • Castillo
    Cuestiones

    Si los miedos no fueran barreras

    A lo largo de los años he ido construyendo mi mundo como si fuera un castillo. Tiene torres en sus esquinas levantadas ladrillo a ladrillo sobre mis experiencias más sustanciales. Los muros se han ido engrosando al tiempo que aprendí sobre mis límites y, no voy a negarlo, alguna que otra decepción les ha agregado unos metros de altura. Los pasillos del castillo son amplios, pensados para que pueda recorrerlo cómodamente rincón a rincón, con fácil acceso a las habitaciones de mi alma, las cuales estoy redecorando. Me lo he pasado últimamente abriendo viejos baúles de creencias, reciclando historias y descartando viejos trajes de mi ego que ya no me sirven. Todavía hay espacios con cierta oscuridad, pero tengo siempre a mano una lámpara de conciencia que me he decidido a encender cuando una simple mirada no alcance para comprender. Y también he diseñado unas grandiosas puertas que puedo abrir de par en par cuando me visitan personas que saben apreciar mi castillo, o mejor aún, que me ayudan a redescubrirlo. Me siento a gusto y segura aquí, cada día más. Tanto que en los atardeceres me complace tomar una taza de té observando la noche llegar por mis vastos ventanales. Y allí, en ese instante, es cuando los veo.

  • Cuestiones

    La chispa

     

    Luces
    Fuente de la Imagen: Pixabay.

    Mucho se habla de aquello que deberíamos sacar de nuestra vida: personas tóxicas, trabajos que no nos satisfacen, rencores, rutinas insalubres, hábitos destructivos, creencias obsoletas… La lista es larga. Y pareciera que esto se trata sólo de escarbar en lo que nos ata o entorpece nuestro camino, y vaciarnos de ello. Pero el universo es equilibrio, y como tal siempre debe haber algo del otro lado de la balanza. Qué hay de aquello de lo que nos deberíamos llenar? Cómo darnos cuenta que se trata de algo que nos nutre verdaderamente y no es sólo un aspecto efímero y superficial de la realidad?

    Yo reduzco toda la clave a una sola palabra: la chispa. Pero no se trata de una chispa cualquiera. Nace del centro de nuestro ser. Hay muchos destellos de entusiasmo que solemos confundir con la chispa, y comprobamos luego con frustrante resignación cómo proceden a apagarse. Y eso que los había encendido… ya nos resulta insulso, deslucido. Ya no nos atrae. Nos damos cuenta porque las ganas desaparecen pronto, porque nos cuesta esfuerzo poner nuestra atención en ellos o sostenerlos. No ocurre lo mismo con la verdadera chispa.

  • Cuestiones

    La Inexorable Ley del Espejo

    Los espejos
    Fuente de la Imagen: Pixabay.

    En algún sitio he leído o escuchado que así como necesitamos indefectiblemente un espejo para observar nuestro rostro, así también nuestras almas precisan muchas veces algo, o alguien, que cumpla la función de reflejar aquello que no podemos ver por nosotros mismos. Nada más acertado que esta analogía. No quiere decir esto que no seamos capaces de conocernos por nosotros mismos, ni que tengamos menos desarrolladas las habilidades de percepción o la propia sensibilidad… claro que no. Esta cuestión es inherente al ser humano, y a las relaciones humanas. Tus ojos necesitarán un espejo para saber de tus labios, de tu nariz, de tu mirada, de la forma en que se frunce tu ceño cuando estás enojado o el color que toman tus mejillas cuando estás enamorado. Y tu alma necesitará un espejo para saber… para saber qué? Aquí vienen las grandes verdades. Por ejemplo, de dónde vienen tus miedos. Por ejemplo, qué es ese vacío que tantas veces has sentido. Por ejemplo, de qué estás escapando cuando te llenás de excusas, y por qué. Y muchas otras grandes verdades. Verdades incómodas, molestas, dolorosas. Que por incómodas las mandamos a dormir a un rincón y las sentenciamos con silencio para que no nos alboroten. Por molestas las esquivamos, o las disfrazamos de conflicto, o las pintamos de alguna culpa ajena. Y por dolorosas las ignoramos, porque sí… algunas duelen demasiado.