• Tristeza
    Cuestiones

    La tristeza en mi mochila

    Como buena practicante de la autosuficiencia que soy, he intentado ocultar la tristeza. He intentado ocultarla incluso de mí misma. Me prendí de cuanta estrella fugaz me distrajera aunque fuera por un momento: alguien que me hiciera reír, una buena película de acción (o toda una saga), un libro de coaching, un rico menú para la cena. Pero, como todas las estrellas fugaces, esos momentos pasaron ante mis ojos con un principio y un final muy acelerados, y entre estrella y estrella me he encontrado buscando mi próxima excusa para no sentir la tristeza. Puede ser que haya querido deshacerme de ella sin mirarla a los ojos. Puede ser que haya caminado todos estos días con ella a cuestas en mi mochila, como si fuera una gran piedra aplastando silenciosamente mis vértebras, y que haya planeado arrojar esa mochila sin siquiera abrirla. He estado tan ocupada en exigirme no sentir el peso de la tristeza y en intentar que por arte de magia desaparezca de un instante a otro, que no me di cuenta que eso prolongaba aún más la agonía. Escaparme de ella no me ha dado buen resultado, pues siempre la tristeza reaparece como lo hace un corcho rebelde en el agua.

    Entonces, intenté arreglar el pasado.

  • Cuestiones

    La voz de mi niña interior

    Caray, a veces me olvido de ella. Nos sentamos una frente a la otra en la orilla de algún río, y un silencio cargado de sentido nos une los corazones. Ella es mi niña interior, presente en mí desde que dejé de ser niña, aunque no hace mucho tiempo haya descubierto su existencia. Es bella e inocente. A pesar de mis años y experiencias, ha sabido cultivar la magia del asombro y no ha perdido la costumbre de montar en estrellas fugaces en busca de sus sueños. He prometido cuidarla desde que me reencontré con ella, pero lo cierto es que suelo perder el norte y en medio de ese desorden la arrastro en mis frustraciones. La observo cabizbaja, jugando con un palillo a enrollar las hierbas rebeldes y resoplando para apartar algún mechón de pelo que cae sobre su nariz. El tiempo pasa sumergido en ese silencio, y con paciencia y ternura espero que ella desee hablar.

    — Me siento herida… — susurra. Y no es para menos.

  • Cuestiones

    El mago que sopla las heridas

    Uf… cómo duele. Te abres paso en esa selva espesa de pensamientos y sensaciones. De los árboles cuelgan lianas rebeldes que lo hacen todo tan confuso. Una maraña en la cual te cuesta dibujar una salida, pero así y todo no desistes y avanzas… con el corazón en la mano. Te han herido, aunque a esta altura ya no puedes estar seguro si el arquero que disparó la flecha fuiste tú mismo. A veces uno pierde noción de la realidad porque, entre tantas interpretaciones diferentes que pueden existir para un mismo hecho, esa realidad se te escapa de la vista. No estás seguro de quién, cómo ni por qué. Mucho menos comprendes ahora el para qué, pero esperas descifrarlo pronto para que ese dolor no sea estéril y pueda dejarte alguna enseñanza. Lo cierto es que, de momento, lo que urge es atender esa herida. Porque te nubla el camino, porque te pesa cuando respiras. Porque mientras andes herido será difícil alcanzar alguna cima o sonreírle a la vida. Te sientes cansado. Te agobia el tiempo que no corre, y si corre rápido te parece que lo hace en vano. Sabes que no puedes hacer de cuenta que esa herida no existe, así que empiezas por aceptarla. Allí, en medio de esa selva enmarañada, te han dicho que habita un mago que puede curarla. Y vas a su encuentro, atravesando lianas, soportando alguna espina que roza tu dolor, sosteniendo un corazón convaleciente que espera ser sanado.

  • Cuestiones

    Un poco de Pascua en tu vida

    Suele pasarnos que en el trajín diario de nuestras ajetreadas vidas se nos pasa por alto el significado de algunas celebraciones que realizamos a modo de costumbre y sólo porque ha llegado el día de celebrarlas. Entonces, por ejemplo, llega la Pascua y como obedientes cristianos nos apegamos a la tradición de comer hasta el hartazgo huevos de chocolate y dar las gracias a un Cristo que murió en la cruz por nuestros pecados. Pero, ¿hasta qué punto comprendemos el verdadero significado de la Pascua? Y se me ocurre algo más… ¿existe sólo un significado posible para esta ocasión tan especial? Pues yo creo que no, que son posibles tantos significados como interpretaciones puedan darle tantas almas inquietas. Y creo que sí, que tenemos la costumbre de quedarnos en la superficialidad de una historia tan rica en alimento para el alma. Si hacemos de cuenta que la Pascua es un océano cuyo majestuoso paisaje admiramos desde la orilla, lo que vengo a proponerte es que nos echemos a bucear un poco en sus profundidades, por hoy sólo en esta península. Quizás podamos descubrir cómo traer un poco de Pascua a tu vida, y que de este modo adquiera un nuevo significado este día para el resto de tus días.

  • Cuestiones

    Pandemia: el desafío de renacer

    «Una pandemia de tal magnitud como la que estamos atravesando saca a la luz lo mejor y lo peor de los individuos, y de la humanidad». He oído esta frase en varias ocasiones los últimos días, y creo que es bastante acertada. Lo peor de nosotros está más que a la vista. Que hemos maltratado al planeta, que la naturaleza se toma un respiro de las acciones nocivas del ser humano y que tenemos lo que merecemos, son moneda corriente en los comentarios en las redes sociales. Nuestro lado egoísta y destructivo ha sido jaqueado. Somos el virus que corroe a la Madre Tierra, y era de esperar el castigo ejemplar de quedarnos encerrados mientras la fauna libre corre por las ciudades. Hemos pecado de poder y soberbia, nos hemos creído dueños del mundo y quizás del tiempo. Y aquí estamos, presos en nuestras jaulas con el miedo contaminándonos la sangre mucho más que el virus los pulmones. Aquí estamos, sentados en el banquillo de los acusados, listos para ser juzgados por nuestras malas acciones, para ser reprendidos y condenados. Y por si acaso la muerte nos sorprendiera antes e impidiera la sentencia, nos adelantamos con los azotes de la culpa y el autocastigo, mientras repetimos como mantra que la humanidad es un desastre. Entonces vuelvo a la frase inicial y me pregunto: ¿dónde está lo mejor de nosotros?

  • Cuestiones

    La humanidad en cuarentena

    En la vida a veces se confunde lo que es un enemigo con lo que puede ser un poderoso maestro. O tal vez los enemigos resultan ser, a la luz del diario del lunes, esos maestros que en cierto modo nos transforman. Y es que cuando miramos hacia atrás podemos darnos cuenta que no somos los mismos de antes, que algo ha cambiado después de toparnos con ellos en el camino. Solemos aprender algo muy valioso con su paso por nuestra historia. Hoy a todos nos une un enemigo en común, un minúsculo e invisible villano: un virus. Es tan poderoso que la sola amenaza de su presencia nos desata una mezcla de temor y paranoia para nada saludable, que nos intoxica incluso sin haber enfermado. Es tan poderoso que obliga a grandes masas a recluirse en cuarentena, miles y miles encerrados y con la frente apoyada en sus ventanas, observando cómo la naturaleza se deshace a su ritmo de la contaminación humana. Pero, si prestamos atención, descubriremos otro enorme poder de este pequeño gran adversario: su capacidad de enfrentarnos con nosotros mismos.

  • Pandemia
    Cuestiones

    El alma en tiempos de pandemia

    Enciendes el televisor. Un tsunami de noticias se desploma desde la pantalla, sin darte mucho tiempo a procesar la información. Cifras de infectados por el virus y de quienes perdieron la batalla frente a él. Miles de personas en aislamiento, otros miles atrapados en tierras lejanas a su hogar sin poder volver. Instrucciones sobre cómo lavarte las manos y cómo estornudar o toser. Presentación de tus nuevos amigos: barbijo, guantes y alcohol en gel. Uf… tu mente trabaja a toda máquina para no perderse un solo detalle. Cambias de canal. Aviones de rescate. Fronteras cerradas. Barcos varados. Sistemas sanitarios que colapsan. Decretos de necesidad y urgencia. Cómo llevar adelante una cuarentena. Y la esperanza de una vacuna que quién sabe cuándo llega…

    Pero hay cosas que el televisor no enseña. No te explica qué hacer con las ganas de abrazar o dónde guardar los besos que hoy no puedes dar. No existen instructivos sobre cómo evitar extrañar.

  • Cuentos Cortos

    Un barco sin capitán

    «Señora, debe asumir su puesto en el timón». La voz de ese hombre me llega como un eco lejano, pero es suficiente para comenzar a abrir los ojos. Me había quedado dormida poco después de ver unos nubarrones en el horizonte. Para evitar el pánico de pensarme en medio de una tormenta en altamar, tomar una siesta me había parecido una buena opción. Pero ahora que aquel tripulante había osado despertarme, y mientras me tomo unos segundos para enterarme de que ya no sigo soñando, puedo darme cuenta que las nubes negras cubren por completo el cielo bajo el cual navegamos y el viento sopla amenazante. Sinceramente, no tengo idea de cómo ni por qué estoy a bordo de este barco. Sólo recuerdo vagamente haber caminado por un muelle, haber charlado con un par de personas y bueno… una cosa lleva a la otra, y aquí me encuentro: embarcada quién sabe hacia dónde. Y no sólo embarcada, flotando además sin rumbo en medio de una tempestad pronta a desatarse. ¿Qué me había dicho el hombre que me despertó? Ah… sí, algo sobre mi puesto en el timón… (¿El timón?).

  • Cuentos Cortos,  Cuestiones

    Mujer Libre

    «Cuando una mujer toma la decisión de abandonar el sufrimiento, la mentira y la sumisión, cuando una mujer dice desde el fondo de su corazón «basta, hasta aquí he llegado», ni mil ejércitos de ego ni todas las trampas de la ilusión podrán detenerla en la búsqueda de su propia verdad.»

    «Mujeres que corren con los lobos» – Clarissa Pinkola Estés

    Iba la Mujer recorriendo plácidamente los senderos del Bosque de la Creación, libre de ropas y de pensamientos, observando una y otra maravilla de esa obra maestra llamada «mundo». A su paso se detenía alguna que otra vez para sentir la textura de las hojas verdes de las plantas más exóticas, o para ofrecer su mano a las mariposas que buscaban posarse un instante. Su soledad no era absoluta: le pisaba los pasos el Universo, cual nube hecha de pequeñas luciérnagas que acompañaban su andar. El Universo la observaba mientras avanzaba junto a ella, a su ritmo, en perfecta sincronicidad. La Mujer no estaba en el Bosque de la Creación por pura casualidad… había aparecido allí para elegir sus cualidades, aquellas que la nutrirían como ser y que definirían su modo particular de transitar por la vida. La Mujer se crearía a sí misma, y el Universo no podía estar ajeno a uno de los actos creativos más trascendentes y maravillosos de todos los tiempos.

    La Mujer y el Universo llegaron a un claro en el Bosque, y se detuvieron como si hubieran arribado a destino. El Universo le señaló un magnífico salto de agua compuesto por cinco cascadas. Cada una de las cascadas representaba una virtud,

  • Hay un guerrero en ti
    Cuestiones

    Hay un Guerrero en ti

    Sí, ya lo sé. He sentido esto muchas veces. El mundo te abruma como si fuese un puño que te oprime y te deja poco aire para respirar. Los caminos se cierran en vez de abrirse y te pesa cada día que amanece. Las circunstancias de la vida te han llevado a habitar esa cueva donde te escondes, ese sitio seguro donde de algún modo te proteges de los peligros del afuera y donde evitas mirar de frente las propias sombras que guardas dentro. Afuera asechan todo tipo de males: la indiferencia, el abandono, el desamor, la agresividad, el riesgo propio de tomar decisiones para elegir uno u otro camino, la incertidumbre, el fracaso, la decepción. Temes salir de la cueva y que alguno de esos monstruos te congele el corazón. Y dentro tuyo logras callar esos fantasmas que te susurran al oído: el miedo, la desesperanza, la culpa, la tristeza. Un día más de falso equilibrio, y todo lo sostienes con la simple decisión de quedarte donde estás. No te mueves, casi no respiras, por no alterar la estructura de tu cueva y que todo se venga abajo. Podrías desatar un tremendo derrumbe si lo hicieras, y los males del afuera se mezclarían con los fantasmas del adentro, y quién sabe qué sería de ti. Quién sabe si podrías con eso.

    Pero lo cierto es que tampoco puedes con esto. Dentro de tu cueva aún queda espacio para soñar una vida diferente