• Autores Invitados,  Cuestiones

    Morir, renacer…

    «Protesta a la muerte»

    La muerte acosa mi alma, sabe que el tiempo le es favorable, por lo tanto goza de ser inevitable, juega y amaga, se asoma… se esconde.
    Mi discrepancia con ella no es excusa; vivo mis días en su contra, ignorando los numerosos finales que me han sido revelados, protestando ante su inminencia, desafiando su apremiante llegada, insultándole por los amores que me ha quitado.

    Confieso que le he deseado un par de veces; como amante que anhela los brazos de quien le ha dañado, cual miserable, que en el patíbulo apura sus engrillados pasos, con la esperanza de ser prontamente librado.

    Pero la muerte no juega en mi liga, no asiste cuando se le invoca, no responde llamados ni se somete, no se agrada en mis múltiples contradicciones, no… ella tiene sus propias reglas, no transa, dejando en claro que lo eterno no se rige por la carne y que más temprano que tarde, el chasquido de sus dedos se alineará con mi parpadeo y al fin… estaremos cara a cara.

    Kako Núñez

     

    ¿Por qué piensas que no me conoces? Desde niño te han enseñado que soy un enigma del que mejor no hablar. Como esos agujeros negros del universo que no sabes a dónde te llevan, pero que inevitablemente algún día tendrás que atravesar.

  • Cuestiones

    Lo que deseas

    El mundo se ha detenido en un suspiro, mientras decides de qué manera vas a hacerlo. Nadie sabe la razón, pero el mundo se ha tomado una pausa para esperarte. Estás allí, intentando reconciliarte con la voz dormida que se despereza, que comienza en un susurro sugerente. Y ese susurro, para tu sorpresa, combina con el ritmo de tus latidos en perfecta armonía. De pronto las piezas del rompecabezas empiezan a encajar y un frondoso camino se abre ante tus ojos, y sabes que es por allí. Además, sabes que quieres ir por allí. Un indiscutible impulso les ordena a tus pies caminar hacia el sendero, aunque por el momento te obligas todavía a refrenarte en nombre de la lógica. Probablemente hacía tiempo que no escuchabas una voz así y que no te recorría el cuerpo un impulso semejante, así que es prudente que te tomes unos instantes para reconocer que provienen del centro mismo de tu ser. Estás tan acostumbrado a seguir otras voces… las del deber, las del orden, las del supuesto destino. Y cuando sentiste vibrar ese cosquilleo en tu interior te pareció tan extraño, tan desconocido, que te costó asimilar que era tu propia voz. Lo supiste cuando viste ese brillo en tus ojos al mirarte en el espejo. Cuando te sorprendiste sonriendo sin aparente razón y tu estómago experimentó las mareas que provoca la luna cuando se acerca a la Tierra. Cuando descubriste que, aunque tenías los pies en el suelo, estabas volando…

  • Anécdotas

    Un pacto entre almas

    Dicen que elegimos a nuestros padres antes de nacer…

    Durante mucho tiempo sostuve que un padre debía ser algo así como un superhéroe. No me culpo por creerlo, he visto cientos de ellos. Los he observado alzar a sus niños sobre sus hombros para enseñarles que pueden tocar el cielo, planear junto a ellos las destrezas imposibles de algún barrilete, o demostrarles que a pesar de los ardientes raspones en las rodillas se puede seguir andando en bicicleta. A decir verdad, a muchos niños les ha tocado un papá superhéroe. Pero no hizo falta que lo fueras conmigo. Aunque, no voy a mentirte, de niña y no tan niña esperaba tus superpoderes. Quizás porque eras una especie de mago que hacía que las historias que me contabas cobraran vida cuando las dibujabas para mí en un papel. Quizás porque alguna vez me hablaste de las estrellas como si las conocieras… sabías sus nombres y una por una me las indicabas en aquel mapa que trazaste, ese mapa que entonces supuse querías enseñarme por temor a que un día me perdiera entre ellas. Pero hoy creo que tu afán por mostrarme esa mezcla de constelaciones era más bien por señalarme un camino de estrellas para que alguna noche como esta pudiera encontrarte. Por eso hoy me siento aquí, al borde del río, y observo este cielo inundado de puntos brillantes mientras intento adivinar en qué astro estarás sentado, con las piernas cruzadas y un cigarrillo en la mano. Y una curiosa pregunta se escapa de mis pensamientos y la pronuncio en voz alta: ¿serán las estrellas las oficinas donde las almas se reúnen a planear sus próximas vidas?

    «En una estrella fulgente estaba mi alma sentada, haciendo planes para su próxima vida. A su lado, un alma de aura azul la escuchaba atentamente.

  • Cuestiones

    Permiso para sentirte derrotado

    Por hoy, sólo por hoy, te doy permiso para sentirte derrotado. ¿Por qué? Porque me doy cuenta que es justamente lo que estás sintiendo ahora, y de nada sirve reprimirlo. Si le damos vía libre, veinticuatro horas serán suficientes para que puedas liberarte. Así que adelante, dejemos que esa energía oscura y pesada salga a la superficie. Podemos aceptar que hoy estamos oscuros y pesados, y no nos vamos a morir por ello, ni vamos a sentenciarnos a una vida sombría ni nos perseguirá la mala suerte por décadas. Peor sería que por no querer mirar lo que nos pasa, le dejemos echar raíces. Respira profundo una vez, y otra vez más, y acepta: hoy es un día gris, qué digo gris… un día negro como noche sin luna.

  • Cuentos Cortos

    El hombre de la jaula

    En las tardes de verano me gustaba cargar unas magdalenas, el mate y el termo en un bolso, e ir a la playa a contemplar la puesta del sol. Disfrutaba tanto de esa hora y media sentada en la arena, mis pies dibujando caminos que las tímidas olas borraban y la brisa robando algún mechón de mi pelo casi recogido. Eran de esos momentos de paz y comunión con la naturaleza que te alimentan el alma. Por eso, antes de que la tarde empezara a morir, me encaminaba hacia aquel lugar bordeando la costanera.

    Aquel día emprendí la salida antes de tiempo y tomé otro camino, tentada por visitar los puestos de artesanías que se montaban en la feria de la plaza. Pero al llegar allí, algo más llamó mi atención. En medio del césped y rodeada de algún que otro arbusto, había una jaula del tamaño de una habitación reducida. La celda estaba habitada por un hombre sentado en un banco, de piernas cruzadas y de semblante concentrado en la lectura de un libro que sostenía en sus manos. Impulsada por la intriga y una naciente necesidad de ayudar a aquel extraño, me acerqué hasta los barrotes oxidados.

    — Buenas tardes… — saludé expectante, notando que la puerta de la jaula estaba entreabierta.

    — ¡Buenas tardes! ¿Cómo estás? — saludó el hombre con sonrisa cordial, levantando la vista hacia mí.

    — Muy bien, gracias… Lo he visto y no he podido dejar de preguntarme qué hace usted dentro de esta jaula — señalé la construcción de hierro que lo tenía prisionero.

  • Cuentos Cortos

    El fantasma

    El fantasma aterrizó en la nube de forma suave y acompasada. Hacía sólo instantes había abandonado la vida terrenal y estaba ansioso por saber si sería admitido en el Cielo. Creía haber hecho las cosas como Dios manda, por lo que su entrada al paraíso era inminente. Pero era el momento de rendir cuentas, y eso lo ponía un tanto nervioso. Avanzó casi deslizándose hacia el escritorio del ángel de turno, quien parecía muy atareado ordenando unos papeles.

    — Disculpe — interrumpió el fantasma — Acabo de morir y me han enviado a esta… oficina.

    — Oh, sí, ¡bienvenido! — el ángel se incorporó y cortésmente le señaló la silla para visitantes — Tome asiento, por favor.

    — Gracias… Usted dirá.

    — Sí… A ver… Comencemos con una breve reseña acerca de su vida terrenal.

    — Bueno… creo haber sido un hombre de bien y de familia, señor Ángel. Siempre antepuse mis responsabilidades a cualquier otra cuestión. Mi ley de vida ha sido cumplir con ellas. Por eso es que desde muy joven trabajé duro para labrarme un futuro. He hecho toda clase de sacrificios en pos del bienestar de mis seres queridos. El tiempo que compartía con ellos era poco, pero era necesario para asegurar su porvenir. Siempre respeté la moral y las normas, y eso es lo mejor que he transmitido a mis hijos. He vencido mis pasiones y algunas tentaciones. Me he esforzado en mantener mi matrimonio a lo largo de los años y he sabido cumplir el rol de un buen esposo. También he sido un buen hijo, supe acatar las órdenes de mis padres y les he respetado hasta su último suspiro. Creo que he hecho todo lo posible por hacer felices a las personas que me rodearon… — El fantasma interrumpió su discurso al observar que el ángel lo miraba por encima de sus gafas, arrugando sus labios en una mueca dubitativa. — ¿Algún problema, señor Ángel? — preguntó, preocupado.

  • Cuentos Cortos

    Hey, Príncipe Azul

    «Estimado Príncipe Azul, para cuando leas esta nota ya no estaré aquí. He decidido abandonar la torre en la que, encerrada tantos años, te esperé sin que llegaras. Y, para ser sincera, no deseo que la mitad de mi vida transcurra aquí. Siendo niña mis padres me confinaron a estas cuatro paredes creyendo que era lo mejor para mí, y tal vez lo haya sido… no dudo de sus nobles intenciones. De otro modo siempre hubiera sido una tibia princesita que teme a todo en la vida, complaciente y servicial pero cobarde e infeliz. En cambio, aquí he aprendido mucho y me he forjado un carácter, pero sobre todo he fortalecido mi alma. Y aunque agradezco a mis padres por ello, ya es hora de salir de aquí. Lo siento, no habrá ninguna princesa esperándote cuando escales a lo alto de la torre.

    Tranquilo, ya maté al dragón. No fue nada fácil, de esto sabrás mucho ya que eres un valiente guerrero. Pero… a que no sabes? Descubrí que yo también puedo serlo.

  • Por qué no?
    Cuestiones

    Por qué no?

    Mi amigo me preguntó (en realidad, se preguntó a sí mismo) por qué su trabajo lo empuja a descuidar otros ámbitos de su vida. Y esta es una cuestión que, en mayor o menor medida, nos suele afectar a muchos en algún momento de nuestra existencia, cuando cierta esfera de nuestra cotidianeidad nos acapara una mayor concentración de atención y de energía que otras. Por ejemplo, puede ser también que te suceda que el ser mamá o papá implique en tu vida descuidar tu relación de pareja. O que ser esposa devenga en no tener una vida profesional o laboral como te hubiera gustado desarrollar. O que la familia te lleve tanto tiempo que no haya lugar en tus prioridades para cumplir tus sueños personales. Hay quienes se abocan demasiado a una vida social como para dedicar un espacio íntimo al amor, y hay aquellos para quienes hacer realidad sus sueños y metas trae aparejado renunciar a una vida familiar. La cuestión es… ¿se puede tenerlo todo? La pregunta sería: ¿por qué no?

  • Café
    Cuestiones

    Un café con mi miedo (El viejo miedoso Parte II)

    El farol que estaba justo frente a mi balcón parpadeaba cada tanto. Sostuve entre mis manos el tazón con café, permitiendo que el calor que traspasaba la cerámica entibiara mis palmas. Qué reconfortante es esa sensación en medio de la noche oscura y fresca. Te hace sentir a salvo, en pausa, como si tuviera el poder de detener el mundo por un instante para reacomodar mis fichas. Sabía que él estaba sentado en una esquina y me observaba desde hacía rato, esperando con una paciencia infinita el inminente momento de mis planteos, escuchando la voz escondida en mi silencio. Sabía que él estaba ahí, como había estado desde siempre, hablándome de mi inseguridad desde que era una niña. Él había envejecido a medida que yo fui creciendo, y se había alimentado de mis derrotas y vuelto más agrio con mis victorias, porque jamás había creído en mí. El viejo miedoso, la voz de mi propio miedo, estiró sus flacos brazos hacia la mesita de hierro para servirse café en una taza, y comenzó a saborearlo de a sorbos lentos.

    «No entiendo», le dije. «Me gusta mi vida, tengo sueños que voy haciendo realidad, amor, risas, amistad, pasión en lo que hago, proyectos e ilusiones, personas que iluminan mis días… Pero desde el momento en que te escucho todo empieza a ser como dices. Es como si la magia perdiera fuerza poco a poco y se dejara vencer por la decepción y la apatía. Y empiezo a ver otra realidad, más pesimista. Se me pierde un poco el rastro de mi pasión, y ya no sé si es mi intuición la que me habla o es tu voz queriendo apagarlo todo. Comienzo a detectar lo tóxico y lo falso como si fueran duendes que antes estaban escondidos debajo de la mesa. La duda aparece como bruma gris que filtra la luz y la vuelve opaca, y entonces me encuentro preguntándome qué era lo que me hacía sonreír y por qué se me fue de las manos. Me encuentro incierta, dejando escapar el sentido de los pasos que di, escéptica acerca de aquello que ayer me producía encanto. De pronto empiezo a convencerme de que tenías razón, aunque nunca hubiera deseado dártela. De repente todo empieza a ser como dijiste… pero lo curioso, lo que llama poderosamente mi atención, es que esto empieza a ocurrir cuando te escucho.»

  • Miedo
    Anécdotas

    El viejo miedoso

    Cuando la cocinera me entregó la bandeja con mi plato de comida y dos trozos de pan, giré sobre mí misma y recorrí con la mirada la sala del comedor, intentando detectar un lugar libre en alguna de las mesas.  Sólo quedaba  un sitio frente a un hombre mayor, de unos 70 años, con una barba blanca algo crecida que le daba aires de sabio. Hacia allí me dirigí, haciendo malabares con mi bolso, unas carpetas y la bandeja para que nada terminara en el suelo.

    — Buen día… le molesta si me siento aquí a almorzar, frente a usted? — no pude evitar preguntar al ver su cara de pocos amigos. Dejó suspendido el tenedor a centímetros de su boca mientras me examinaba con ojos desconfiados. Por toda respuesta hizo un ademán con la mano para que me sentara, y siguió con su misión de devorarse el plato de fideos con salsa. Me senté acomodando mis cosas al costado del banco y me dispuse a hacer lo mismo que el hombre en silencio, ya que la mesa no mostraba promesas de charla. Sin embargo me sorprendió al señalar con la cabeza mis carpetas y preguntar: